lunes, 27 de julio de 2009

A MORIR HEMOS NACIDO

Hoy me desperté pensando en la muerte. La que viene con aviso, la que llega de improviso y la que uno desea que nunca llegue. La primera suele estar acompañada de un dolor físico, de alguna falla en el organismo, de un estado de ánimo que nos adelanta la partida y que nos hace un poco menos dolorosa la pérdida.


La segunda es quizá la más fatal, pasa de pronto cuando alguien se descuida, y cruza una vía sin fijarse bien, o se tropieza o por la curiosidad de recibir un disparo en algún lado del cuerpo. Es brutal esta muerte porque uno nunca logra superarla. Nunca llegas a entender qué sucedió, porqué pasó ni cómo se fue. Pero se van y uno se queda con la lágrima en el acantilado de los ojos y una constante lluvia de deseos que no llegarán a ningún puerto.


Acá debería hablar de la tercera clase de muerto que yo encuentro, pero hablaré un poco más de la segunda. De la que viví en carne propia, de la que vivirá la mayoría porque somos humanos de estructura frágil y estamos sujetos a ser aplastados por la inmensidad del destino que nos persigue desde que dejamos el vientre materno y que un día nos alcanza y se cobra todos a una. De esa muerte voy a seguir hablando.


Un día despertamos y todo está bien, caminamos y seguimos la rutina normal y acostumbrada, como un pacto entre la vida y nosotros mismos. Vamos bien. Sin embargo la sombra de un hecho que nos persigue desde poco antes de nacer está ahí esperando por nosotros, por ustedes, por mí. No sé qué será pero sí sé qué fue. Un día llegó y se llevó todo lo que creció a mi alrededor. La verdad es que aún hay cosas que no olvido y que sé que no olvidaré porque he decidido seguir para adelante pero sin levantar la cabeza. La mirada como las manos en los bolsillos.


Ya no quiero nada.


Un amigo, un compañero. Puede ser quien sea que uno quiera y conozca o admire. Un cantante o un artista. Hasta puede llegar por medio de un verso o de una historia. La vida es así de simple y de mortal. Pero no muere ella sino nosotros que somos quienes la albergamos, caprichosa, que se cansa y se busca un nuevo envase. Así como ellas quienes por unos minutos nos albergan. La muerte es ineludible e inescrutable.


¿Por qué tuvo que escoger sobre mis pasos y decidir que era lo correcto?


Las lágrimas no bastan, el dolor jamás cesa de llegar y de volver. Que son cosas distintas pero que nos lastiman por igual. La maravilla de la naturaleza humana es lo que nos distingue de los animales, claro, que ellos no sufren, porque no son concientes del dolor de la muerte, como nosotros sí. Eso nos hace humanos, entonces. El dolor. Entonces, de nuevo, el dolor debe ser bueno o debe ser que los animales son los seres superiores que están por encima del dolor. La duda es otra forma de dolor. Dolor de la mente y las ideas. El dolor dos veces y al cuadrado, como decía el César hace casi ya cien años y un poco menos.


De la tercera no sé qué poner. Quizá debería llamarse cobardía y no otra cosa. Porque dicen que los jóvenes no tenemos miedo de morir, y que mientras uno envejece quiere saber más cómo escaparse de ella. Se aferra más a la vida, sin saber bien porqué. Ni el dolor ni nada nos salva. Al final la muerte llega pero uno siempre quiere verle la nuca y darle un palmazo. Ja. Te gané. Seguro es una frase hasta jamás dicha.



Al menos yo hasta ahora no tengo miedo de la muerte. De mi muerto debo aclarar. Ni seré un poco como Javier que quería o sabía que sería entre pájaros y árboles, y así fue. Quizá eso debamos hacer todos, saber y decir dónde nos moriremos, para que a nadie le pase la segunda muerte y sea simplemente un hecho que pasa y que no debería sorprender a nadie.

¿Y las madres? No lo creo. Ellas jamás entenderán eso. Quizá los padres si eso quieren pensar. Pero ellas jamás. Lo sé desde que conozco sus vientres. Jamás lo entenderían. Jamás dejarían que lo que albergo su vientre húmedo y cálido deje de ser lo que ellas lucharon tanto que sea. Amor, carne, placer, sudor y dolor. Lágrimas y olvido, perdón y rencor. Deseo y frustración. Todo albergado en una pequeña amasijo de sangre y ser que no quieren que deje nunca el existir ni ser parte de la nada.


No espero que me entienda, hoy, esto es parte de los demonios que todos llevamos dentro. Por los muertos que vos matasteis, como dijo el poeta.