domingo, 28 de junio de 2009

PETITE MORTE

Para mí es cada día más difícil seguir haciendo lo que vengo haciendo desde hace casi más de dos meses. Despertarme, vestirme, desayunar y seguir con el resto de la rutina diaria sabiendo que algo no está más en mi vida.
Es difícil, cada día me siento más agotado y con ganas de tirar la toalla y de una vez por todas renunciar. Cada día que pasa me convenzo más de que eso es lo que tiene que ser: RENUNCIAR. Al menos a mi trabajo ya lo hice, pues me agobiaba, y ahora estoy en el aire, en la calle, con la mente libre de cualquier responsabilidad, como para que las 24 horas del día piense solo en una cosa: en que ya no pasará. Que ya se acabó y que yo sigo acá esperando una señal que sé que no llegará.
No quiero nada en realidad, no quiero miseria ni compasión. Sólo quisiera que me dieran una nueva oportunidad. No quiero que estas líneas se mal interpreten o que despierten cosas que no son mi intención. La verdad es que estoy agitado y ya no quiero nada, creo.
Es tan difícil olvidar a alguien?
La muerte es más larga que la memoria?
No lo sé.
Cuántas oportunidades se merece un hombre? Debe reunciar a todo para que lo perdonen?
No lo sé, tampoco.
A estas alturas del juego sólo sé que estoy en jaque, y sea quizá un jaque que me he impuesto por tonto, un jaque que nadie más ve porque nadie más está en ese juego.
Cada día que despierto me voy dando cuenta de que los franceses decidieron llamar la "petite morte" no al orgasmo sino al amor en sí, pues esto es una muerte como a cuotas, como a dosis pequeñas que no alcanzan para matarte de todo, pero que te deja como si una plaga de males te hubieran agujereado la razón.
PD. No tomen como real nada de lo que acá se escribe, no envién mails de disculpas ni nada. Esto es solo un blog de ficción, y nunda dejó de serlo.