lunes, 16 de marzo de 2009

Presos del tiempo


Siempre me he preguntado sobre el devenir de nuestras vidas. En promedio vivimos unos 80 años, y en esos 80 años podemos pasarnos más de la mitad ensayando un montón de cosas, como ser esposos, ser padres, ser amigos, trabajar de algo, estudiar un par de cosas, querer otras tantas, apreciar otras igual, pero al final en qué quedamos. Sé que es una forma fatalista de ver las cosas, pero no se me ocurre otra.

Pienso que la vida al final es sólo eso, un ensayo que queda en un simple bosquejo de nada. Los más avezados entenderán que la idea se la robé a Kundera, y es cierto. Es como cuando uno lee algo y dicen que "yo también quería decir eso, pero no sabía cómo". Bueno, eso me pasó con Kundera. Y siempre pensé así, y le di forma cuando lo leí.

Esta idea a veces me asalta con la de la muerte. La eterna duda. Y pienso que lo único certero que existe es que nos vamos a morir... hoy, mañana, pasado, en un año, pero igual nos moriremos. Entonces la vida es sólo un tránsito pausado hacia la oscuridad eterna. Sé que sigo muy oscuro con esto, pero es lo que siento. Y no digo que ahora o por algo que me haya pasado, sino porque así se ponen las cosas a medida que me llegan los 30.

Cada día es uno que le arrebato a la nada. Uno en que gano un poco de algo, pero que también pierdo gotas de mí. No sé si me estoy dejando entender. Pero considero que lo que hacemos y luego no nos gusta o no nos sentimos orgullosos de ello es imposible de remediar. ¿Si lanzamos una piedra y rompemos una luna, acaso con disculparnos la piedra regresará y el vidrio no estallará? Pues no. Así de simple.

Y entonces no queda nada. No hay paso atrás. Hice lo que hice. Dije lo que dije y no hay forma de borrarlo o de olvidarlo. Estará ahí hasta el día en que decida que ya pasó. Sé que es difícil entenderlo, pero así es. nada de lo que haga puede borrar lo que hacemos.

Hace unos años (dios, ya casi 10) hice otra cosa que me suguió por años. Me hizo pensar en replantear mi vida. Y pensaba lo peor de todo. hasta que un día dijo no, ya no más. Y acá estoy. Dispuesto a dar todo, dispuesto a luchar y no caer.