lunes, 15 de junio de 2009

NOCHES INFINITAS



Ultimamente no tengo sueño. Duermo poco. Es difícil, porque me suelo acostar a las once o doce de la noche y recién puedo apagar la tele cerca de las dos de la mañana, lo que en circunstancias normales originaría que me despierte en promedio a las once de la mañana, pero no. Me despierto a las 8, claro que cansado y como si me hubiera atropellado un camión, pero sin sueño. O sea es un cansancio más mental que físico. Y no recuerdo lo que sueño.

No me gusta estar pasando por esto, si es que es un algo como una etapa o es algo transitorio o qué sé yo. Lo malo de todo esto es que tampoco puedo aprovechar este insomnio para leer, porque no me puedo concentrar en la lectura. Se me hace difícil dar dos páginas sin soltar el libro y tratar de cambiar a otro. Salvo ver televisión, nada más me distrae.

Pienso mucho, encerrado en las cuatro paredes de mi cuarto la vida es gris cuando me lleno de soledad. Lo admito, podría salir a la calle y buscar a algún amigo, pero a la medianoche es difícil, más aún cuando si los llamo me dirán que están o con su enamorada, o durmiendo, o estudiando o simplemente no contestarán.

Había desterrado de mi panorama de vida la soledad, estar solo no era mis planes inmediatos. Pero pasó. Y es difícil. Lo malo y más grave de todo es que y sólo busqué esto, o mejor dicho yo fui construyendo esta situación. Poco a poco me fui metiendo cabe, y atacándome a mi mismo. No hay peor enemigo que uno mismo, que se conoce en todos sus defectos. No culpo a nadie ni trato de hacerme la víctima, solo digo lo que mi propia estupidez u orgullo errado hicieron.

Ahora, siguiendo con este insomnio, debo confesar también que de nada sirve, pues tampoco puedo escribir. Sería lindo que sí, actualizaría el blog todos los días, pero no. Lo único que puedo hacer es echarme en mi cama solitaria, taparme con mis tres frazadas, y acurrucarme para ver alguna serie, alguna película, algo que me mantenga la mente ocupada. Algo que me atrape y no me deje pensar. Es difícil, la televisión no ha sido nunca buena para hacerte pensar, así que ya se imaginarán lo largas que están siendo mis noches.

Otras veces cojo mi teléfono celular y quiero llamar a alguien, pero a la una de la mañana es difícil. Y si le escribo pues será como una bala al aire, pues nadie responderá.

¿Alguien tiene una fórmula para dormir, sin necesidad de tomar pastillas?

Confieso que todo esto ha traído algunas cosas buenas. Por ejemplo, he retomado una relación que se quebró o que quebré hace años, me he vuelto a acercar a Dios. Una noche de cruel insomnio me descubrí, sin darme cuenta, rezando. O mejor dicho tratando de conversar con Él. Ya hace unos meses había hecho un ligero acercamiento. Porque sentía como necesario eso, amarse a uno mismo, por medio de aceptar a Dios, para que realmente se pueda amar a los demás.

Ojo, no tomen esto como una alerta, ni una advertencia, no pienso suicidarme ni nada. Todo pasa y todo queda, como decía el poeta. No es la primera vez que me veo en una situación como esta. Creía que jamás volvería a suceder y quería dejar de ser uno para ser tres, pero en fin. Al final lo último que se pierde es la esperanza.

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