domingo, 28 de junio de 2009

PETITE MORTE

Para mí es cada día más difícil seguir haciendo lo que vengo haciendo desde hace casi más de dos meses. Despertarme, vestirme, desayunar y seguir con el resto de la rutina diaria sabiendo que algo no está más en mi vida.
Es difícil, cada día me siento más agotado y con ganas de tirar la toalla y de una vez por todas renunciar. Cada día que pasa me convenzo más de que eso es lo que tiene que ser: RENUNCIAR. Al menos a mi trabajo ya lo hice, pues me agobiaba, y ahora estoy en el aire, en la calle, con la mente libre de cualquier responsabilidad, como para que las 24 horas del día piense solo en una cosa: en que ya no pasará. Que ya se acabó y que yo sigo acá esperando una señal que sé que no llegará.
No quiero nada en realidad, no quiero miseria ni compasión. Sólo quisiera que me dieran una nueva oportunidad. No quiero que estas líneas se mal interpreten o que despierten cosas que no son mi intención. La verdad es que estoy agitado y ya no quiero nada, creo.
Es tan difícil olvidar a alguien?
La muerte es más larga que la memoria?
No lo sé.
Cuántas oportunidades se merece un hombre? Debe reunciar a todo para que lo perdonen?
No lo sé, tampoco.
A estas alturas del juego sólo sé que estoy en jaque, y sea quizá un jaque que me he impuesto por tonto, un jaque que nadie más ve porque nadie más está en ese juego.
Cada día que despierto me voy dando cuenta de que los franceses decidieron llamar la "petite morte" no al orgasmo sino al amor en sí, pues esto es una muerte como a cuotas, como a dosis pequeñas que no alcanzan para matarte de todo, pero que te deja como si una plaga de males te hubieran agujereado la razón.
PD. No tomen como real nada de lo que acá se escribe, no envién mails de disculpas ni nada. Esto es solo un blog de ficción, y nunda dejó de serlo.

miércoles, 24 de junio de 2009

¿Quién eres?

Hay noches que tienen el aroma que descubrí entre tu cabello.
Hay días en que el sol sale para darte la luz que necesitas.
Hay veces que pienso en que estás a mi lado y converso contigo.
Tengo tantas cosas por decirte que el tiempo no transcurre pensando en que estása mi lado.
Pero no es así.
Quién es esa persona que viene casi a diario y entra acá y deja su huella.
Sus rastros, sus pasos, su figura.
Yo no lo sé.
Quién es la persona que me ve todos los días pero que no se deja ver.
De dónde viene, qué busca y qué desea.
Eres tú?
Puedo pensar que eres tú?
A veces sólo quisiera retorceder el tiempo y no nacer.
O nacer y regresar a los pasos en que me perdí y te perdí y no darlos.
Jamás me he arrepentido de nada, ni de la sangre que corre por mis manos,
hasta el día en que vi lágrimas de tus ojos.
Ese día entendí lo que era el miedo, el vacío
La soledad.
Te amo
Para amarte me dejé de lado a mi mismo.
Te amo

sábado, 20 de junio de 2009

HISTORIA DE UNA IDA Y UNA VUELTA

Actualización: ya terminé la historia...

En diciembre de 2008 decidí junto a mi mamá hacer un viaje a Huancayo. En realidad íbamos en busca del pasado. De una historia de mi madre, que se había iniciado casi 40 años atrás. Las probabilidades de éxito eran muy escasas, pero la oportunidad podría servir de excusa para que hagamos un viaje juntos y de paso, distraernos del “mundanal ruido”. Partimos de Lima el 4 de diciembre, desde el terminal terrestre de Yerbateros, con la única certeza de que el viaje duraría cerca de seis horas. De nuestro verdadero objetivo solo sabíamos su nombre y algunas de sus señas que en las últimas cuatro décadas deberían haber cambiado de forma irreproducible.

La busqueda que decidimos iniciar esa mañana de los primeros días del último mes del años empezó casi un mes atrás: una tarde conversando con mi mamá em empezó a contar ella que en su infancia había crecido junto a una prima carmen, pero que en las historias de las familias del pasado, Carmen había decidido escaparse de casa junto a su novio, un chico al que la abuela de ambas no aceptaba, lo discriminaba, pero ya todos sabemos de lo que una mujer es capaz por el hombre que ama, renunció a todo y se fue. Y mi mamá ese día perdió a quien era una hermana y madre para ella.

Me había contado que carmen le enseñó todo, desde coser hasta cocinar, pasando por toda la gama de artes que las mujeres en los 60 practicaban. Entonces mi mamá se sentía triste, siempre tenía esa ansia guardada d saber qué sería de su prima, de su hermana, de su “mamá”, de Carmen. Lo último que había sabido de ella fue pocos días antes de que decida fugarse con su novio cuando le dijo que el chico que amaba vivía en huancayo, y que quizá allá podría ser feliz. Ese día le estaba tratando de decir adiós, pero mi mamá era muy joven como para entederlo, así que no pudo despedirse ni saber nada. Solo a los días al despertarse y ver que carmen no aparecía entendió que se había ido a Huancayo.

Pasaron los años y como es lógico el dolor amainó, se cruzaron los recuerdos y Carmen se convirtió en algo así como un fantasma de la infancia. Yo recién me enteré de la existencia de esta tía a mis 26 años.

Luego de contarme esto mi mamá me pidió que la ayudara. “Tú tienes amigos, tú debes conocer a la gente indicada, tú puedes ubicarla”. Craso error el creer que un periodista tiene carta libre para meterse en cualquier archivo. Pero tenía que hacer mi mejor esfuerzo. Armado con el nombre completo de la prima desaparecida en el tiempo, accedí a los registros de identidad nacional. Nada. Los registros de la seguridad social. Nada. Incluso a los registros del Poder Judicial (siempre algún amigo te debe mil favores) y nada. Descartado el hecho de que estuviera muerta (debía tener como mucho 70 años), partía en mi pesquisa de la premisa de que estaba en Huancayo, esperando que la encontremos.

A las dos semanas de haber empezado mi investigación estaba ya por tirar la toalla, cuando mi mamá me contó que un pariente le había contado que sabía que carmen era dueña de una panadería en Huancayo. Vaya, pensé que sería fácil así, ver los registros tributarios, era algo que no se me había ocurrido, así que indagué una vez más. Nada. De nuevo la pared en blanco. Entendí entonces que lo mejor que podía hacer era ir al mismo lugar, viajar a Huancayo y buscar allá. Así que el 4 de diciembre partimos con mi mamá rumbo al centro del país, llevábamos solo una maleta con ropa para unos días e igual monto en efectivo.

Luego de atravesar los andes peruanos, y de viajar por la autopista nacional con el mayor índice de mortalidad del continente, de dejar atrás a una de las fundiciones con mayor grado de daño ambiental, el bus nos dejó en Huancayo. En ese momento comprendí que el viaje sería en vano, que debería hacer algo pronto para que mi mamá no se pusiera triste: había panaderías en todos sitios, en cada esquina, en todas las calles. Panaderías y pollerías, parecía que Huancayo solo desayunaba pan y almorzaba pollos.

Luego de almorzar nosotros decidimos salir a la calle y hacer preguntas sueltas (¿conoce a una señora de 70 años que tiene una panadería?). Todo fue inútil. Cansados y con la determinación de buscar techo, decidimos hacer una última pregunta, pero ya no sobre la panadería, sino sobre dónde se abastecían de trigo y harina los panaderos. Quizá los mayoristas podrían darnos mayores referencias. Y como la Providencia siempre acompaña las buenas causas, o las coincidencias existen, si prefieren, al consultar a una señora esta nos dijo que debíamos decirle si buscábamos una panadería de pan normal o de pan tradicional, que ambos se hacen con distintos insumos. Así que optamos por lo segundo y nos dijo que en todo caso fuéramos hasta Chupaca (a poco menos de una hora de viaje) pues allí estaban la mayoría de panaderías tradicionales, pan serrano en pocas palabras.

Llegamos. El pueblo no era tan chico como esperaba y mi mamá volvía a dibujar la decepción en su rostro. Fuimos hasta la comisaría y al primer policía con quien me crucé le conté mi razón de estar ahí parado delante suyo, previa mostrada de carné de prensa, que de nada valió ante la contundencia de la respuesta oficial: “señor periodista, esta zona tiene casi treinta mil habitantes, yo no puedo conocer a todos. Además no soy de acá”. Se acomodó el cinturón como para reforzar que no era chupaquino ni huancaíno. Pero afortunadamente nos dio un valioso dato, “vayan a la plaza, en los pasajes siempre están los empleados de las panaderías que llegan con canastas para ofrecer sus panes, quizá alguien sepa darles noticias”.

Casi corriendo llegamos a la plaza, y otra vez parecía que la adversidad estaba jugando de local, nadie conocía a Carmen. Nadie sabía quién era, nadie la había visto jamás. Pensamos en regresar a la ciudad pero una vez una nueva palabra de aliento. Una señora nos dijo que vayamos al mercado, que ahí le parecía haber escuchado hablar de una Carmen, que tenía una panadería.

Otra vez más corrimos de lado a lado hasta el mercado. Preguntamos a las casi veinte mujeres que ofrecían panes y nadie nos dio alguna pista. Ni una sola. Pero había una señora que nos miraba con detenimiento y que parecía tratar de oír lo que estábamos preguntando, hasta que no pudo más y se nos acercó. “A quién buscan y para qué”. Así sin más nos lo dijo, yo tuve miedo, quizá era una mujer que nos diría que vayamos a tal lugar o a tal calle y allí nos atracarían. Lo dudé pero mi mamá ya le estaba contando todo. TODO. Hasta que era periodista. La mujer también bajó la guardia y me pidió que le mostrara mi carné. Confiaba en el medio en que trabajaba y nos dijo algo que definió nuestra estadía en Huancayo.

Nos dirigimos hacia una calle al costado de un puente que pasaba por encima de un río seco, y que a solo cinco metros (para mayores señas) había una estación de servicio. En ese pasaje debíamos preguntar una vez más. Sin embargo no encontramos el puente, vimos varias estaciones y cuando preguntamos por la zona exacta que nos indicaron nos dijeron que estábamos lejos, que nos habíamos desviado de camino.

Seguimos caminando recordando las palabras de la mujer en el mercado. “Ella es mi suegra. Si es la Carmen que conozco, la van a encontrar en el pasaje pasando el puente”. Luego de corroborar la historia, que se había fugado, que llegó en los finales de los 60, que debía tener 70 años, y otros detalles más, mi mamá estaba convencida de que la habíamos encontrado. Yo preferí ser más escéptico y desconfiar de la buena suerte. Sin embargo casi cuarenta minutos de caminata y a punto de que la noche apague todo y hasta llueva, llegamos al barrio indicado. Sin embargo había muchas casas, y no sabíamos a quién preguntar, pues la desconfianza en esas zonas es una plaga. Así que entramos a la bodega y el señor que nos atendió nos dijo que sabía de quién le hablábamos pero que no podía decir nada pues no sabía si nuestra intención era buena o mala.


En breve ampliaré y finalizaré la historia.... ya lo hice...


Luego de ste impasse, le dijimos que buscábamos a Carmen, pues esra un pariente de mi mamá a la que no veía desde hace casi 40 años y que habíamos llegado desde Lima siguiendo un rastro perdido en el paso de los años, reforzado unicamente por datos entregados al aire y que si la Carmen que buscábamos no estaba en esa calle pues no nos quedaría más remedio que regresar a casa y saber que Carmen había desaparecido para siempre. O hasta el día en que alguien diera con ella.

Quizá conmovido por nuestra historia, y quizá también conocedor del pasado de Carmen, el señor se animó a decirnos dónde podíamos ir a preguntar si era ella o no. Salimos de la tienda y avanzamos unos veinte metros más en el pasaje, llegamos hasta el portón indicado y tocamos. A los pocos segundos salió un joven de unos 28 años de edad y con cara de sorprendido (muy poca gente debería haber llegado hasta su puerta llevando mochilas pesadas) y nos dijo qué buscábamos.

Al darle señas de lo que hacíamos ahí parados en el umbral de su casa, una pequeña sonrisa empezó a dibujarse en su rostro: quizá sí conocía a Carmen y sabía de la historia que unía a mi madre con ella. Nos dijo que esperasemos un minuto y que volvería a salir. Al rato tras la puerta oímos que regresaba, pero eran más pasos. Al abrir la puerta una cara de 70 años nos recibió y mi mamá la reconoció debajo de todos los pliegues de ese rostro arrugado. Se avalanzó a ella y le dijo "Carmen, soy Meche, tu prima". Lloraron en un abrazo eterno.

Ya resumidas las historias de cada una, empezaron a añorar la infancia que pasaron juntas y a preguntarnos cómo la habíamos ubicado. Debo decir que la señora misteriosa que en el mercado nos dio las pistas para llegar a esta casa era la nuera de Carmen, y que se guardó eso por pura desconfianza. El joven que abrió la puerta vendría a ser mi primo, Hugo, y aún faltaban más familiares nuevos. Como una Carmen más joven, hija de la prima de mi madre y un hijo mayor, el esposo de nuestra "guía".

No sé si contar más de lo que pasó en Huancayo, o quizá para más adelante, pero diré que esta travesía fue una historia de una ida y una vuelta, porque fuimos tras el pasado y regresamos a Lima con historias para el futuro.

martes, 16 de junio de 2009

NO TEMAN ARRIESGARSE

Cuando estaba a punto de terminar el colegio conocí una chica que me parecía la más inocente y tierna de todo el mundo (a los 15 uno siempre dice "de todo el mundo"), y la verdad que me gustó mucho su candor, así que traté de hablarle y saber algo de ella, quizá podríamos ser amigos, o quién sabe.

Recuerdo que le dije a un amigo que quería hablarle y él con el mayor desparpajo del mundo me la presentó. Fue todo muy loco, él se acercó y le dijo "hola, me llamo Raúl y mi amigo (o sea yo) quiere conocerte". Wow. La chica se puso rojísima, colorada por la vergüenza (aunque no sé de qué), pero tan sonrojada y acalorada que hasta se le empañaron las lunas de sus lentes. Eso me pareció a mí demasiado. Me empezó a gustar más.


Los primeros días que la veía me acercaba a saludarla pero de ahí no pasaba, ella no hablaba mucho y se notaba que se avergonzaba de que le hablara o que los chicos se le acercaran. Seguro era hija única o sólo vivía entre mujeres con un padre sobre protector, claro que en ese momento no pensaba yo eso, sino ahora que lo recuerdo.


No sé bien cómo, pero un día sin darme cuenta me puse a hablarle de ella a mi amigo, a Raúl, y le dije que me gustaba. Él se empezó a reír. Me decía que mejor ni lo intentara, que nunca me haría caso, además "se le ve muy, pero muy sana". Y precisamente eso era lo que más me gustaba de esta chica, su ternura, su sencillez, la honestidad que se traslucía por sus poros, en sus ojos tras sus lentes. No diré que me había enamorado, pero me gustaba, sentía algo raro cuando la veía. Así que me decidí arriesgarme (nunca teman arriesgarse) y empecé la labor de hormiga: poco a poco ir descubriendo qué había debajo de esa chica de inocente sonrisa y escasas palabras. Llena de silencios y de mohines como respuestas.


Con el paso de las semanas descubrí (comprobar es más exacto) que vivía con sus padres, tenía dos hermanas mayores que ella (la hermandad castrante, siempre lo he dicho) y que su papá era en exceso celoso con ellas. Así que "por favor no me vayas a llamar a mi casa, a menos que sea urgente". Ese fue el primer gesto de coquetería que le descubrí. Qué de emergencia podría haber entre dos chicos de 15 años. Era un simple pedido de "llámame, pero sé prudente".


Y lo hice, la llamaba algunas tardes. En esa época no existían los celulares, o mejor dicho eran tan caros que no todo escolar los tenía, así que salía de mi casa y unas cuadras después llegaba al un teléfono público y marcaba su número. Recuerdo que las primeras veces me contestaba su hermana (que seguro esperaba que algún otro chico como yo la llamase) y después, como suele ser muy metódico y de costumbres e este caso, la llamaba a la misma hora siempre: 4 de la tarde. Así que casi a las dos semanas de que empecé a llamarla, pues era ella ya quien respondía al fono. Sabía que la llamaría, lo esperaba, y se alegraba. Como el zorro de "El Principito".


Mi amigo Raúl me decía que qué era lo que estaba esperando, que porqué no la había invitado a salir, a pasear, al cine. Hasta se ofreció a darme plata si es que ese era mi problema (aunque a esa edad recuerdo que todo se podía solucionar con unas monedas) pero no, mi tardanza era por otro motivo. Simplemente no me atrevía, y mi burdo juego de seducción se me había ido de las manos y creo que estaba ya comprometido. Tenía miedo, así de simple. Raúl me aconsejaba que la llamara y le dijera para salir, que así sería menos dolorosa una eventual negativa de ella. Pero terco como pocos, me negaba.


Y Raúl me dio un ultimátum, "invítala antes que te ganen". Proféticas palabras que no vi venir. Incluso me dijo "cuando la acompañes trata de besarla, al menos sabrás si quiere o no". Claro que lo que podría ella querer luego de eso era darme una cachetada bien merecida. Y no lo hice. Es más, en medio de mi pánico, dejé de verla a la salida del colegio, ya no iba al mismo paradero, cambié de ruta por una semana y desafortunadamente ella nunca me llamó a mi casa. No me mandó decir nada con los amigos en común. La noticia llegó por otro lado. Un amigo me dijo que en esos días que yo no iba otro chico se le había acercado. Ja. No diré que me dio celos, porque no fue así, pero me dejó un sabor amargo en los labios.

Enterado de ello, al día siguiente decidí ir a verla. Errar es humano, pensé, así que no tiene nada de malo que ella tenga amigos, me decía para mí. Aún sin entender que no hay peor mentira que la que uno mismo se hace.


Al llegar a su lado la saludé y no me dijo nada de lo que esperaba, no me preguntó que porqué no la había llamado ni había ido a verla. Nada. Fue un hola como si me hubiera visto ayer. Me sacó de cuadro. Dónde estaba la niña tan inocente y tierna que había conocido, me decía. De pronto su voz me regresó a la tierra. Me dijo "chau, me tengo que ir", y se fue. Pero al voltear a ver yo para dónde se iba, vi al chico que en una semana había hecho lo que yo no pude ni me acerqué en dos meses. Llegó, la tomó de la mano y le dio un beso, en los labios.


Inmediatamente me fui caminando, tranquilo, hacia el lado contrario. Busqué a Raúl entre los demás amigos y lo vi. Al verme él vino al notar mi cara de desconcierto y me dijo "qué pasó". No sé, le dije, vino el pata ese y la besó y se fueron.

lunes, 15 de junio de 2009

RECAPITULANDO

Como es mi blog, haré algo que no suelo hacer, pondré una historia que escribí hace casi dos meses y que me había olvidado de publicar.

Lean acá

NOCHES INFINITAS



Ultimamente no tengo sueño. Duermo poco. Es difícil, porque me suelo acostar a las once o doce de la noche y recién puedo apagar la tele cerca de las dos de la mañana, lo que en circunstancias normales originaría que me despierte en promedio a las once de la mañana, pero no. Me despierto a las 8, claro que cansado y como si me hubiera atropellado un camión, pero sin sueño. O sea es un cansancio más mental que físico. Y no recuerdo lo que sueño.

No me gusta estar pasando por esto, si es que es un algo como una etapa o es algo transitorio o qué sé yo. Lo malo de todo esto es que tampoco puedo aprovechar este insomnio para leer, porque no me puedo concentrar en la lectura. Se me hace difícil dar dos páginas sin soltar el libro y tratar de cambiar a otro. Salvo ver televisión, nada más me distrae.

Pienso mucho, encerrado en las cuatro paredes de mi cuarto la vida es gris cuando me lleno de soledad. Lo admito, podría salir a la calle y buscar a algún amigo, pero a la medianoche es difícil, más aún cuando si los llamo me dirán que están o con su enamorada, o durmiendo, o estudiando o simplemente no contestarán.

Había desterrado de mi panorama de vida la soledad, estar solo no era mis planes inmediatos. Pero pasó. Y es difícil. Lo malo y más grave de todo es que y sólo busqué esto, o mejor dicho yo fui construyendo esta situación. Poco a poco me fui metiendo cabe, y atacándome a mi mismo. No hay peor enemigo que uno mismo, que se conoce en todos sus defectos. No culpo a nadie ni trato de hacerme la víctima, solo digo lo que mi propia estupidez u orgullo errado hicieron.

Ahora, siguiendo con este insomnio, debo confesar también que de nada sirve, pues tampoco puedo escribir. Sería lindo que sí, actualizaría el blog todos los días, pero no. Lo único que puedo hacer es echarme en mi cama solitaria, taparme con mis tres frazadas, y acurrucarme para ver alguna serie, alguna película, algo que me mantenga la mente ocupada. Algo que me atrape y no me deje pensar. Es difícil, la televisión no ha sido nunca buena para hacerte pensar, así que ya se imaginarán lo largas que están siendo mis noches.

Otras veces cojo mi teléfono celular y quiero llamar a alguien, pero a la una de la mañana es difícil. Y si le escribo pues será como una bala al aire, pues nadie responderá.

¿Alguien tiene una fórmula para dormir, sin necesidad de tomar pastillas?

Confieso que todo esto ha traído algunas cosas buenas. Por ejemplo, he retomado una relación que se quebró o que quebré hace años, me he vuelto a acercar a Dios. Una noche de cruel insomnio me descubrí, sin darme cuenta, rezando. O mejor dicho tratando de conversar con Él. Ya hace unos meses había hecho un ligero acercamiento. Porque sentía como necesario eso, amarse a uno mismo, por medio de aceptar a Dios, para que realmente se pueda amar a los demás.

Ojo, no tomen esto como una alerta, ni una advertencia, no pienso suicidarme ni nada. Todo pasa y todo queda, como decía el poeta. No es la primera vez que me veo en una situación como esta. Creía que jamás volvería a suceder y quería dejar de ser uno para ser tres, pero en fin. Al final lo último que se pierde es la esperanza.

lunes, 8 de junio de 2009

TE SOÑÉ

Hace poco llegaste a mi vida en medio de un sueño. Te vi igualita a quien deseo que sea tu madre, con sus mismos ojos inmensos y su risa cantarina y fresca. Los mismos rulos que aún adornan mi cabeza y las pestañas que enamoran a diario a tu mamá. Te vi ahí, sentada en la cama, al lado mío.

Recuerdo que te acercabas gateando a mí y te echabas sobre mi pecho y yo te cobijaba con mis brazos, como para resguardar tu sueño y hacer que sigas dormida.

Tu madre estaba a mi lado y nos miraba con los ojos casi llenos de lágrimas. La emoción se dibujaba en su rostro al ver a sus seres amados al lado de ella.


De golpe tu madre se levantó de la cama y se apresuró a preparar el desayuno. Recuerdo que le dije que mejor se quedara en cama, que yo me encargaría de todo.”Cuídala un rato más tú, tenla en brazos, yo te llamo cuando el café esté listo”.

Me levanté y salí a comprar pan.

Aún en sueños, caminando por la calle de mi mente fabuladora, me sentía muy feliz, alegre y satisfecho. Tenía en casa algo que había anhelado por mucho tiempo: una mujer que me amase y que yo amara, y una bella hija. Qué más podía pedir para completar algún cuadro fugaz de felicidad. Nada.


Regresé y alisté todo. Las vi aún dormidas en cama y me dio pena despertarlas. Me eché al lado de ustedes y las abracé. Tu mami se despertó y me dio un beso enorme. Se levantó y me dijo que terminaría de preparar el desayuno. Me dormí contigo en brazos.


Cuando sentía que me despertaban, no quería hacerlo, quería seguir ahí contigo en brazos… pero la insistencia es creo que una virtud de las mujeres, así que insistieron. Y desperté, en serio. Vi a mi madre sacudiéndome, y yo abrazado a mi ligera almohada.


Inmediatamente llamé a tu futura madre para decirle buenos días y cuánto la amo.

domingo, 7 de junio de 2009

SIN SENTIDO

Hay un hombre que tiene un blog, en el cual no escribe nada hace semanas, o días porque hace poco puso una nota un poco críptica, dirigida a alguien que sabrá entender los razones de esas líneas.

El hombre está confundido, está actuando sin pensar, de una forma que a él mismo le molesta: hace y dice cosas que lo dejan como una persona sin personalidad. Y no quiere estar ni ser así.

Está tratando de seguir como siempre fue. Pero es difícil, aunque sabe quelo va a lograr.


Piensa en sí constantemente y quiere descubrir qué le pasa. Le da vueltas al asunto y por eso anda como si estuviera "volado". Le es difícil concentrarse. No puedo hilar muchas ideas de seguido, por eso mismo es que no puede escribir en su blog.

No sabe qué le pasa, pero siente algo.

Miedo.

Al publicarse estas líneas, ese hombre sabe que quizá no le hagan un favor,el que los demás las lean pero como se dijo arriba, no sabe cómo actuar ni de qué manera reaccionar.

Siente que sus sueños se están truncando, que sus esperanzas de ser padre se difuminan, que esa hija (o hijo) que tanto anhela, y creia cerca, se aleja. Que no llevará a nadie al altar porque no le darán el sí que anhela.

Si encima de ello se necesitara más problemas, pues debemos decir que los tiene. No parece suficiente tortura el estar así por motivos personales y que por cuestiones de privacidad no se explicarán, pero encima de todo su trabajo se ha convertido en un infierno constante. Horarios insalubres y labores inhumanas. Su vida no fue en ningún momento tan aciaga.

Siente que está perdiendo la guerra y tiene miedo de darse por vencido.

Tiene miedo de morir. Pero sabe lo que vendrá si todo sigue así... y eso lo aterra.

miércoles, 3 de junio de 2009

SOMBRAS

Se que esta historia será aburrida, porque así me siento. No escribo acá hace semanas porque he andado muy desanimado, dsganado, deprimido. Y cuando estoy así pues las historias no salen, y sigo así. Quiero creer que se me va a pasar, pero nada. Todo sigue igual.

No sé qué hacer, no sé cómo actuar, jamás me había sentido así, jamás había estado así antes, por nadie. Y es duro y difícil sopesarlo. Superarlo. Tengo miedos tontos y abusrdos, tengo miedos que no tienen razón de ser, pero los tengo. Tengo miedos que me asaltan y me sumen en el fondo de la desesperanza. Pero una llamada basta, un mesaje también. Y salgo a luz.

Quiero pensar que todo está bien, que todo se va a normalizar y que será mejor que antes, pero no sé cuándo ni cómo. Quiero pensar que toda esta incertidumbre ya pasará.

Espero no molestar a nadie por esto.