jueves, 30 de abril de 2009

PIDO PERMISO

Me gusta una mujer. Me gusta mucho. La amo. Me siento muy feliz de haberla amado y de sguir amándola. Me siento muy feliz de haberla encontrado, y de haberla invitado a pasar su vida junto a mi vida, y más feliz aún de que ella haya aceptado, muy gustosa, eso. Me gusta tanto que no sé cuánto.
Me gusta su cabello. Su sonrisa sincera y fresca.
Me gustan sus ojos, inmensos y capaces de ver todo.
Me gusta su voz, delicada, delgada, como una leve brisa que llega por la tarde y te arrulla.
Me gusta mucho.
Cada día que he pasado a su lado me parece un día que le arrebaté a la trsiteza, a la soledad, a la melancolía.
Sé que hubieron días en que discutimos, en que peleamos, en que le hice derramar algunas lágrimas, y eso es inevitable porque no todo es celeste o del color que uno desearía. Pero hay cosas que uno puede evitar. Y yo no las evité. No hay nada más que decir, que me equivoqué.
Esta mujer se llama Patricia.
Lo digo con toda la sinceridad de lo que siento por ella. Ante, hace no mucho, me daba vergüenza contarle a alguien que estaba con tal chica. No sé porqué, pero no me gustaba hacerlo público, me escondía, hasta lo negaba o pedía mantenerlo solo entre los dos. No era afán de nada malo, solo que… así era. Pero con Patty fue distinto. Desde que descubrí que me gustaba me encargue de decirle a mis amigos (a mi amigo Gerardo, exactamente), que alguien había aparecido en mi vida y que me había causado una revolución en mí. Me hacía hacer cosas que antes no hice por nadie ni por ningún motivo del mundo. Mi amigo, cervezas de por medio, me escuchaba atónito pero convencido de que me había llegado el momento de cambiar, de dejarme de juegos y se alegraba de que existiera esta mujer en mi vida.
Al comienzo no le dije de quién se trataba exactamente, porque él la conocía y prefería que no haga ningún juicio de tipo alguno, simplemente porque no. Pero era la primera vez que me sentaba delante de alguien y le decia “hay una chica… sabes, me gusta mucho, me hace sentirme distinto a toda mi vida, me gusta mucho”. Así que medio críptico le daba esas historias y un día le dije que ya, ya estaba con ella.
Recuerdo ese día, porque el día anterior, o la noche anterior mejor dicho, fue la primerz vez que la besé. Me sentí muy bien al hacerlo. Aunque ella creo que se sorprendió tanto, o se avergonzó tanto, no sé, que si bien no reaccionó mal, me dio mucha gracia la ternura y candor con el que actuó.
Eso. Precisamente eso. Ternura, candor, inocencia, pasión. Ese tipo de cosas hicieron que al conocerla y descubrirla me emepzase a gustar y luego al conocerla más que me enamore de ella. Y estoy enamorado. Pienso en ella todo el día. La siento a mi lado, la extraño. Me gusta llamarla sólo por llamarla y saber cómo está, si está bien o qué.
Me estoy extendiendo demasiado y aún no digo lo que trato de decir.
Debo admitir, públicamente, que a la Patricia de la que hablé desde el comienzo, la he dañado. Le he fallado, no digo que le he sido infiel (ella lo sabe y eso es lo que me vale), pero sí le fallado. He sido malo, descuidado, desatento, y esas cosas debilitan las relaciones. Admito que quien dio más en esta relación ha sido siempre ella. Y por eso debe estar agotada. No lo sé.
Hoy estamos mal, hemos peleado tanto que un día me dijo que quería estar sola un tiempo. Yo no sé qué pensar de eso, nunca he creido en eso. Algunas veces he odio que esa excusa es solo armarse de valor para terminar, otras veces he oido que sí, que es cierto que uno busca alejarse un tiempo de alguien, aunque lo ame. Yo siento que aún me ama. Yo la amo. Y estoy pensando en qué hacer, cómo remediar las salvajadas cometidas. Cómo reconquistarla, en pocas palabras.
No me gustaría perderla, no porque crean que digo esto ahora y luego ya no, sino porque Patty es la primera persona, la primera mujer que me hizo conjugar todos los verbos en futuro. En un futuro potencia. Es la única mujer que me ha, digamos, mantenido tranquilo y seguro, en todo sentido y en todo nivel. En ella encontré cosas que jamás si quiera nadie me mostró. Y por eso empezamos nostros dos a habalr de un futuro juntos. Tener un hijo. Casarnos. No necesariamente en ese orden. Pero hacerlo. Y yo era la primera vez que pensaba en de verdad tener un hijo con alguien, tener mi familia con ese alguien, con ella.
Sólo espero que esta tormenta (si es que lo es) pase, y llegué un nuevo verano y demostrarle que puedo ser mejor de lo mejor que le mostré de mí. De lo mejor que nadie esperaría de mí.
Porque la amo.











PARA P.


Hay alguien en mi vida de quien siempre les quiero hablar, pero no sé porqué, a veces me faltan palabras para hacerlo. Jamás ganas ni motivos, solo palabras. Siempre empiezo a poner algunas letras (como ahora que escribo esto y no sé si lo acabaré) y al final se me van las ideas. Lo que no me pasa cuando estoy con ella, en que le digo todo lo que siento por ella y todo lo que ella me hace sentir.

No sé si alguna vez a alguien le ha pasado que llega un momento de su vida en que se dan cuenta de todo lo que han hecho y dejado de hacer, y conocen a alguien y descubren que todo lo que han vivido (todo) es justo para estar preparados para tener a estar persona. Cuando la conocí sentí eso. Lo supe la primera vez que la vi a los ojos.
Yo sé que es difícil que me crean. Pero quienes han pasado por algo así me entenderán. Es como cuando dicen que “cuando el alumno esté preparado, paracerá el maestro”. Y cuando estuve listo, ella llegó a mi vida. ¿Y listo para qué? Pues para dar de mí lo que jamás antes dí. Lo que jamás antes siquiera deje ver. Para descubrirle mi alma y mi vida entera. Y para compartir al lado de ella todo lo que tenga y lo que no tenga.

Quienes me conocen, y quienes me leen y saben más o menos cómo es que debo ser, sabrán entender que he sido una persona fría, distante, incluso hosca. Pero con ella todo eso de mí desapareció. Si tengo que usar más metáforas para que me entiendan, pues tengo que decir que antes de ella mi vida transcurrió en blanco y negro, y con ella llegaron los colores a mi vida.

Tengo que decir, o mejor dicho no diré, que nuestra relación es la mejor del mundo, o qué sé de frases así, pues como toda pareja discutimos, tenemos diferencias, peleamos, en fin, cosas que nos hacen ser hurmanos y aprender de nosotros mismos. Y tampoco diré que con ella las peleas sí son divertidas o algo similar, las peleas pues son eso y nada más. Lo distinto, lo que hace que sepa yo que todo es diferente y nuevo es que con ella no me siento en u vacío ni un pozo sin fondo cuando discuto, ni me entrego a los demonios de la ira cuando no nos entendemos. Simplemente y sencillamente ella me hace ser así.

No voy a explayarme más, porque quizá la inspiración se ciegue y no pueda más decir de ella. Así que dejaré muchas cosas para otro post, en que seguiré explicando quién es ella para mí.

¿Y quién es ella?

Esa mujer se llama Patricia.

domingo, 26 de abril de 2009

No necesito

¿Qué tanto puede uno llegar a hacerse odiar?

Estos días he estado muy cerca de comprobarlo. Demasiado, diría yo.
Sé que en los próximos días descubriré cuánto es mi capacidad de generarme odio y repulsión, pero para eso aún falta.

Recuerdo que hace varios años, cuando aún estaba en la universidad, esta era una característica mía, muy celebrada por algunos amigos, bueno por los dos únicos amigos que tenía. Ser antisocial era mi sello. Y ahora que recuerdo lo desagradable que solía ser, pues yo mismo me digo "qué patán".

Es en verdad muy gracioso eso.

No sé bien si decir que ahora soy un mejor hombre, o no. Pero sé que ya no tengo la arrogancia de los 20 años ni la ignorancia de una juventud estupidizada por tanto nihilismo.

Maldito Nietzsche...

Tengo muchos problemas en mi cabeza, muchos conflictos y no sé qué hacer. Les busco solución pero hasta el hambre se me ha ido. A veces mi angustia es tan vana como la que produce estar en un gran campo abierto. Sentir ese vértigo estando al ras del suelo es lo peor que puede pasarle a uno.

Ver hacia el suelo y preguntarse qué hacemos ahí parados. No sé, me da un desasosiego mayor que recorre todo mi ser y me deja exhausto. Hay días en que si me preguntan la hora, estaré agotado luego de responderles.

Por ejemplo, hoy. Llegué a mi trabajo (sí, trabajo los domingos, búrlense) y me di cuenta que todo el día iba a estar solo. Al comienzo me dio un poco de miedo. El único en una oficina en la que fácilmente entran treinta personas cómodamente sentadas te da una sensación de estar en el lugar equivocado. Pero pasan las horas y descubres que no, que la soledad te permite pensar y escribir (dos post en un solo día para mí es un record). Que puedes simplemente no prender ni la televisión ni la radio y todo estará en silencio y tú estarás haciendo lo que tienes que hacer, pero en el ambiente en que te gustaría hacerlo siempre. Sí, soy raro, yo también lo he notado.

Pero no era de eso de lo que quería hablar. Una vez veo que estoy empezando a tener un tema recurrente y sé que eso es malo. Malo para el blog y nocivo y corrosivo para mi pobre conciencia. No sé qué me está pasando ni sé si podré superarlo o no. Hay algo dentro mío que me está quemando (y no es el hambre de ser las cinco pm y no haber almorzado, no es eso). Siento de nuevo esas desesperanzas que me llevaron a andar en busca de no tener amigos, de no tener nada, de ser simplemente una persona que se despertaba y cumplía lo que tenía que hacer con el mínimo esfuerzo posible, con solo seis voltios.

Quiero tener sueño. Quiero soñar. Quiero ansiar algo. No quiero nada. No tengo nada. Estoy como en un limbo y eso es lo que me daña todo, me arranca de donde sea que esté para taladrarme el cerebro y mostrarme lo idiota que soy.

¿Qué carajos quiero lograr con esta actitud de mierda? A veces quisiera ser de nuevo niño y no tener dudas existenciales, no tener que idear estrategias para nada. Solo para jugar y correr. A veces quisiera nunca haber aprendido hablar y no haber dicho las miles de idioteces y cabronadas que alguna vez mi boca ha dicho. Soy un ser muy descuidado.

Ja. Ya estoy cerca del final. Sí, sí, todo es por una mujer. Hubiera sido más fácil empezar por eso.

Macho, machista y malo



Jamas había oido esa canción. Pero una mañana de tratamiento feminista y de charlas por web sobre feminicidio son más que elocuentes. Qué dura la letra, que difícil de no sentirse un verdadero hijo de puta al leerla y peor al escucharla, porque a pesar de ser una denuncia social, tiene ritmo y es pegajosa.

No sé si está bien que pregunte o diga esto, pero ¿alguna vez le han dicho puta a su mujer, a su novia, a su enamorada? Que lance la primera piedra quien esté libre de pecado. ojo, acá vale todo, hasta si no se lo dijiste pero lo pensaste, hasta si no fuer puta sino perra, hasta si dijiste "esta seguro tiene otro". Eso también es como decirle puta. ¿OK?


"Tonto, tonto, tonto eres no te pienses mejor que las mujeres"
Vaya, parece que la imbecilidad humana no tiene límites. Esa frase me llegó como un uppercut a la conciencia. rezagos del machismo inculcado e incoculado en mi conciencia desde chiquito. barrera mental con la que lucho a diario para vencerla. Ojo, en mi casa vivimos papá y mamá y nosotros: cuatro hermanos. o sea, como que mucho de feminismo no hay... mi mamá seguro es tan machista como papá. Jaja, aunque suene irónico lo debe ser, porque le he visto esos rezagos. pero no es su culpa, la estoy reeducando. PNL, gracias a dios que existe.


"Y tu inseguridad machista se refleja en mis lagrimitas"

Pero yo me pregunto ¿tan hijo de puta se puede ser como para inspirar algo así? O sea, digo, qué mierda le pasó a la que escribió esto, o qué historia habra odio. Joder, que es la trsite realidad. En mi trabajao de periodista (llevo cinco años en esto, eh) he odio de todo tipo de historias de maltrato, de violencia contra las mujeres, de cosas como eso de que cada vez que me dices puta... Y un día empecé a tener mucho interés en esos temas, porque la verdad es que cuando escuchaba las excusas de los abusadores, de los que le pegaban a sus mujeres, pues sus razonamientos me parecían familiares (OJO, en mi casa jamás mi padre le pegó a mi mamá, ni nada parecido, se peleaban pero nada más que de boca. Aunque que quede claro que el peor maltrato es el sicológico). Y esa complicidad tácita me empezó a preocupar, porque cuando decía cosas como "ella no me sirvió mi comida", yo me reía pero pensaba en que si trabajo todo el día y ella no y está en casa, porqué chucha no me atiende. Carajo hace sólo unos años pensaba así. A veces uno se averguenza de lo que ha sido. Pero hoy me río de eso y me digo que sirvió pues me valió eso para darme cuenta de lo que hacía de daño y superarlo. Hoy soy como una Omar 2.0, con el perdón de la humildad.


Y seguro podría seguir dando más señas de esto, pero no porque jamás ha sido mi intención pontificar sobre nada. Solo contar algunas cosas que quizá a alguien le gusten y después, pues después que sigan y que mejoren y que cambien.

Por si no se han dado cuenta, el blog ha cambiado.

Para que hablar tanto si no hay pruebas:

PENSANDO EN LAS MUJERES


¿Son las relaciones tan complicadas, somos los hombres tan difíciles o son las mujeres tan inescrutables, o soy tan estúpido que hasta hoy no sé comprenderlas? Sé que al escribir esto no me estoy haciendo ningún punto a mi favor pero no comprendo lo que pasa. Nunca están conformes con nada. A una mujer, si le das todo, la amas, le das lo que desea, la entiendes o tratas de hacerlo, pues se aburren o se cansan. No sé. Creo que les gusta vivir en la montaña rusa. Me explico, si están en una relación que va bien, donde el hombre no las molesta, no las cela, las entiende y engríe, pues ellas creen que hay algo mal, que tanta maravilla no puede ser verdad y que entonces es hora de replantear las cosas. Es lo que creo que las mujeres piensan de una relación.

Recuerdo que cuando tenía 15 años todo era más fácil. La invitabas a salir, paseabas, te besabas, y si sentías algo pues estabas y si no pues terminabas. Y listo. Quizá un día de pena, para los dos, y mañana si te vi no me acuerdo. En esa época era tan fácil cambiar de ruta, dejar de ir a alguna fiesta, hasta que haya alguien nuevo y todo empezaba de cero. Pero ahora, cuando uno se acerca a los treinta, veo que es muy complicado estar con una mujer. Son tan difíciles de entender. Andan suponiendo que uno sabe lo que piensan, que uno sabe lo que quieren, que uno ya está enterado de qué es lo que les molesta o de cuál es el error que hemos cometido. Oigan, mujeres del mundo, les digo algo, un secreto: NO SABEMOS LEER LA MENTE. Somos hombres que sólo queremos estar bien, estar junto a alguien que nos guste y a quien podamos dar nuestro amor. Sí, lo acaban de descubrir, también sentimos. Ja. Qué irónico que es eso. Por dios.

Ahora que la barrera de los treinta se empieza a pintar en mi horizonte me siento más perdido que cuando empecé a los quince. Carajo, creía que con el paso de los años las iba a entender más, pero veo con pavor que no. Cada día son más difíciles. Yo jo que acá no hablo solo de “nuestra mujer”, no. Me refiero a todas. Novias, enamoradas, esposas, amigas, compañeras, jefas, lo que sea pero en femenino. No les entiendo nada de lo que desean. De nuevo, mujeres, nosotros no entendemos indirectas aunque nos guste decirlas. No lo entendemos, así de simple. Si se molestan y cuando les preguntamos qué pasa nos dicen que nada, nosotros no nos ponemos a pensar en qué estará mal, solo pensaremos en que no pasa nada. Así de simple. Tan difícil puede ser que digan lo que piensan, no lo creo, eh.

Ah, me olvidaba, si una mujer es solidaria con otra, y nosotros creemos que no, que está mal o que simplemente no nos parece lo que haya tal mujer, pues olvídense de todo. Se acabó la noche. Eso es tomado como un ataque contra ellas. O sea creen que diciendo que su amiga es tal cual, nosotros le estamos diciendo que ella es tal cual. Ja, de nuevo. No las entiendo.

Alguien que me ayude que yo ya no aguanto.




Y sin embargo, porque no podemos vivir sin ellas (como ellas sin nosotros, tampoco), QUE VIVAN LAS MUJERES!!!



Y ESTE PORQUE SE MERECEN LO MEJOR!!!

viernes, 10 de abril de 2009

27 años y contando

Hace un tiempo escribí que siempre he sentido que me voy a morir a los 30 años, y ahora que esa fecha está casi a la vuelta de la esquina, tengo miedo. No sé porqué o en qué momento me empezó a asaltar el pánico que en 27 años no he vivido, pero hoy que tengo muchas de las cosas que siempre soñé, siento temor de llegar a los 30 y que me profecía personal se haga realidad.


Yo recuerdo mi infancia y veo a mi padre regresando a casa de su trabajo, cargando una bolsa de pan para el lonche. Mi mamá por esos años trabajaba: tenía junto a su hermano una tienda de ropa para bebés, entonces se iba a atenderla desde la una de la tarde y regresaba pasada las diez de la noche. Es decir yo regresaba del colegio y apenas la veía para que me dé mi almuerzo y se iba.


Esta es una de las imágenes que más evoco de esos años en que debía aprender a jugar lo que sea pero solo. Mis hermanos eran, y lo son, mayores, con esas brechas insoldables que existen cuando tienes 7 y ellos 12 y 15. Casi irreconciliables. Me acuerdo sobre todo de las tardes interminables, las peleas por usar el televisor (en esos años teníamos solo uno), las peleas incluso por la radio, un poco estas porque sí. Recuerdo como al final, al ser derrotado en ambas lides, me iba a la puerta de la calle y me sentaba a contar los autos que pasaban frente a mi casa, a contar sus ruedas, los micros, y decía este me gusta, este no, este quizá... hasta que daba poco más de las cinco y llegaba mi papá.


Entonces se habría un mundo de posibilidades, con mis hermanos empezamos la tregua para que papá no se amargue y nos pueda castigar. Todo era ambiente de armonía, papá contaba lo que había hecho, nosotros le decíamos lo que habíamos visto en el colegio, las tareas, los amigos, así hasta la hora de tomar un lonche.


Claro, esta es una extracción de mis memorias, y no necesariamente tienen que ser exactas. Quizá mis hermanos quieran recordar otras cosas, que yo no, o quizá estoy exagerando. Lo cierto es que no todos los días eran así, y creo que con eso basta, al menos por ahora y luego contaré la otra versión, la de los días sin sol.


Y la cosa pasaba así hasta bien llegada la noche. Donde luego de ver un poco de Tv mis hermanos (mayores que yo, recalco) se iban a dormir, pero yo no. Al comienzo mi papá se molestaba mucho por ello, me decía que por eso al día siguiente no podía levantarme temprano para ir a estudiar, y yo insistía en que no podía dormir hasta que mi mamá llegue a casa, argumento con el que al comienzo derribé su negativa y con el tiempo logré que me vuelva su acompañante de espera. Claro que la verdad era que simplemente me quedaba dormido en el mueble de la sala hasta que mamá regresaba a casa. Al comienzo mi papá no me despertaba cuando ella llegaba, pero cuando al día siguiente le reclamaba se excusaba diciendo que hoy sí lo haría. Y al menos cumplió con su palabra.


Con el tiempo ya aguantaba un poco más y soportaba sin dormirme la espera de que mamá llegara a casa. Y se alegraba de encontrarme despierto. Me gustaba aguantar, pero un tiempo en esto paso algo muy feo. Era obvio que si aguantaba que llegara era porque me quedaba viendo TV, y mi papá pues era (y lo sigue siendo) un adicto a los noticieros (¿será por eso que me hice periodista?), entonces lo {ultimo que veía antes de dormir era las crónicas policiales, y en eso andaba hasta que empezó a salir una serie de noticias que decían que en Lima había un asesino de mujeres. Las esperaba a la vuelta de cada esquina y las llevaba a descampados, las golpeaba, no quiero decir que más les hacía pero al final las descuartizaba, o sea que las cortaba en pedacitos.


Dios, esos días eran de extrema angustia para mí, yo le decía a papá que debíamos ir a buscarla todas las noches para que no le pase nada, y él me decía que no me preocupara, claro que yo no le decía que mi miedo era el descuartizador. Pero él nunca relacionó esas noticias con mi mamá en la calle. La verdad es que nadie en casa, ni ella lo relacionaba. Cada vez que mi mamá se demoraba unos minutos de más (solía llegar a las once de la noche) entraba en el paroxismo. Me mordía las uñas, me jalaba el cabello, hasta me daba golpes en la frente por no poder ir a recogerla. Hasta le daba patadas a papá cuando se quedaba dormido y le decía que como mínimo debíamos aunque sea salir a la puerta de la calle y ver que estaba ya llegando. Gracias a dios en eso me hizo caso. Salíamos pero él ni bien cruzábamos la puerta sacaba un cigarrillo y se ponía a fumar (debe ser aquella época que este vicio se me pegó en la mente, asociado ahora a largas esperas. Si alguien llega tarde a un encuentro conmigo definitivamente me verá fumando. Para mí es así, esperar es igual a fumar), hasta que mi mamá aparecía por la esquina y yo corría como perrito que ve a su dueño, o como hijo que por fin respiraba sabiendo que nada le había pasado a su madre. Como si volviera de la guerra. La abrazaba y así entraba a mi casa a dormir. Contento de que ella ya esté en casa.