martes, 24 de marzo de 2009

El adiós a Álvaro


Restos de periodista fueron velados en iglesia de Miraflores. Recibió la vista de personajes de todo ámbito del quehacer nacional.

Se fue antes de tiempo. Ayer en el velorio del destacado periodista Álvaro Ugaz esa idea recorría la mirada de todos quienes llegaron hasta iglesia Virgen de Fátima, en Miraflores, para darle el último adiós, un largo adiós. Decenas de amigos, colegas y familiares desfilaron por el lugar para expresar su pesar y dolor ante la irreparable pérdida de un hombre que supe ganarse la confianza, respeto y querer de todos siendo sincero y profesional, en todo lo que hacía.


El cariño que supo ganarse en vida Álvaro Ugaz, a quien sus amigos lo llamaban pollo tierno (sobrenombre endilgado por el humorista Guillermo Rossini), se reflejó también en los innumerables arreglos florales que adornaron el recinto mortuorio, como muestra de la admiración por el descanso eterno de un hombre que brilló a temprana edad y que ahora le tocó partir de la forma más imprevista pensada para una persona que reflejaba calma y tranquilidad.


Carlos Villarreal y “Chema” Salcedo, periodistas que trabajaron a su lado desde sus inicios expresaron que Ugaz Otoya supo ganarse la admiración de todos, “como amigo, como un hermano, como alguien que no es sólo un compañero de trabajo”. El veterano periodista también rescató que con esta muerte “se va una de las más jóvenes promesas de una nueva generación de periodistas. Tenía una carrera prometedora. Ya había cosechado muchos éxitos, y hoy está en el cielo”.


A su vez, Villarreal, compañero de comisiones madrugadoras del fallecido Ugaz, declaró que este logró unos de sus anhelos, estar en la televisión, y que en breve iba a estar también en un medio escrito. “Es alguien que debe ser un ejemplo para los nuevos periodistas”.


Sus amigos de RPP contaron que Álvaro era una persona por demás sensible y bondadosa, que no despertaba animadversiones en nadie. Dicen que una de las anécdotas que más recuerdan de él es que cada vez que acaba de conducir el programa, llamaba a su mamá, a saludarla, lo que para muchos era siempre la duda de si el hombre de prensa padecía de “mamitis”, pero simplemente lo hacía para saludarla, pues su horario lo hacía salir de casa antes de las cinco de la mañana, y no podía saludarla.


Hasta el local en la iglesia miraflorina llegaron también sus compañeros de CPN, así como los de RPP. Se apreció la visita de Augusto Álvarez Rodrich, Nicolás Lúcar, Carlos Cornejo, Eddie Fleischman, Mauricio Fernandini, César Campos así como a Miguel Humberto Aguirre, quien en declaraciones al darse la noticia del deceso de Ugaz expresó que conoció a este desde que iniciaba su carrera, hace más de 18 años, lo que los llevó a compartir una vida más allá del trabajo y ser entrañables amigos, en una relación más de padre e hijo.


La novia y la hermana

La reportera Juliana Oxenford, novia de Ugaz, no llegó al velatorio, pues según narraron amigos cercanos de la pareja el choque que le produjo la trágica noticia obligó a los médicos a sedarla, para evitar que su depresión por la partida del hombre con el que se iba a casar este año se torne en una honda depresión.


Se supo también que los restos de Ugaz serían cremados, pero que se esperaría la llegada de su hermana Carolina, quien radica en Europa, para proceder.

lunes, 16 de marzo de 2009

Presos del tiempo


Siempre me he preguntado sobre el devenir de nuestras vidas. En promedio vivimos unos 80 años, y en esos 80 años podemos pasarnos más de la mitad ensayando un montón de cosas, como ser esposos, ser padres, ser amigos, trabajar de algo, estudiar un par de cosas, querer otras tantas, apreciar otras igual, pero al final en qué quedamos. Sé que es una forma fatalista de ver las cosas, pero no se me ocurre otra.

Pienso que la vida al final es sólo eso, un ensayo que queda en un simple bosquejo de nada. Los más avezados entenderán que la idea se la robé a Kundera, y es cierto. Es como cuando uno lee algo y dicen que "yo también quería decir eso, pero no sabía cómo". Bueno, eso me pasó con Kundera. Y siempre pensé así, y le di forma cuando lo leí.

Esta idea a veces me asalta con la de la muerte. La eterna duda. Y pienso que lo único certero que existe es que nos vamos a morir... hoy, mañana, pasado, en un año, pero igual nos moriremos. Entonces la vida es sólo un tránsito pausado hacia la oscuridad eterna. Sé que sigo muy oscuro con esto, pero es lo que siento. Y no digo que ahora o por algo que me haya pasado, sino porque así se ponen las cosas a medida que me llegan los 30.

Cada día es uno que le arrebato a la nada. Uno en que gano un poco de algo, pero que también pierdo gotas de mí. No sé si me estoy dejando entender. Pero considero que lo que hacemos y luego no nos gusta o no nos sentimos orgullosos de ello es imposible de remediar. ¿Si lanzamos una piedra y rompemos una luna, acaso con disculparnos la piedra regresará y el vidrio no estallará? Pues no. Así de simple.

Y entonces no queda nada. No hay paso atrás. Hice lo que hice. Dije lo que dije y no hay forma de borrarlo o de olvidarlo. Estará ahí hasta el día en que decida que ya pasó. Sé que es difícil entenderlo, pero así es. nada de lo que haga puede borrar lo que hacemos.

Hace unos años (dios, ya casi 10) hice otra cosa que me suguió por años. Me hizo pensar en replantear mi vida. Y pensaba lo peor de todo. hasta que un día dijo no, ya no más. Y acá estoy. Dispuesto a dar todo, dispuesto a luchar y no caer.