martes, 24 de febrero de 2009

Sin rumbo conocido...


Estos días para mí han sido más que agotadores. No sé qué es lo que está pasando en mi cabeza o en mi cuerpo, pero hasta el simple hecho de tener que levantarme me produce más que un simple desasosiego y me deja sin ganas de nada, solo de dormir y nada más.

Quisiera poder dormirme unas 72 horas de corrido y despertarme con la seguridad que las cosas están mejor. Sólo quiero sentirme mejor.

No me he dado cuenta de en qué día me ha dado este bajón de ánimos, pero debe ser a los pocos días que dejé de postear historias.

A veces el hecho de creer que a nadie le gustan me desanima de seguir con este blog. Es más, en este instante la idea de que estas palabras no la leerán más que sólo unos tres o cuatro internautas, amigos míos, me desanima aún más y me hace pensar en cuál es el sentido de este blog, de escribir estas cosas.

Yo no sé si a todo el mundo le pasa así, pero creo, y espero no ser tomado a mal ni malinterpretado, que las personas que nos dedicamos a esto de escribir, a esto de captar momentos para contarlos (ya sea en un relato, en una foto, en un dibujo, en una canción, en un poema, en cualquier forma de expresión artística) pasamos por esto. De las personas que conozco, pues todos se agobian, pero nadie por estas cosas. A mí me pasa así, y a ellos al revés. Lo que a ellos les preocupa (qué discoteca visitar, qué ropa ponerse) a mí me tiene sin cuidado.

Debe ser por eso que hay tantas personas con desórdenes siquiátricas en la historia del arte y la literatura. A veces he llegado a pensar que sufro de depresiones, porque el vacío y desasosiego del que les hablé no es tan simple como un desgano matutino, va más allá. Más allá.

Si bien jamás he pensado en suicidarme ni en que mi vida no sirve para nada, sí he pensado mucho en que si lo que hago sirve para algo. O no. Y no saber la respuesta es lo que me pone así.

Me gustaría contar más historias, pero me faltan las fuerzas para hacerlo, aunque les suene ridículo o patético, pero así lo siento yo. A veces me siento ante la pantalla en blanco con la intención de llenarle de frases y de ideas pero luego de unos segundos de golpear el teclado, cierro todo de forma abrupta y me levanto de la silla y me pregunto qué carajo es lo que me pasa. Pero sigue sin respuesta.

He pensado también en que esto de estar sin ideas o sin historias que decir es porque simplemente esto no es lo mío, y que yo soy solo una persona que tiene un blog y que se ha equivocado de temática. Quizá debería encargarme sólo de tomar fotos y colgarlas. Quizá eso sí diera resultado. O simplemente debería encargarme de no tener un blog si es que no tengo nada claro que decir. No lo sé.

Ese es mi dilema.

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