jueves, 25 de diciembre de 2008

Una (pequeña) reflexión de navidad

En estas fechas de navidad la gente está muy unida, muy reflexiva, y diríamos que hasta alegres. Se saludan, se llaman, se buscan y se visitan. La verdad que por encima de todo eso el espíritu de esta fecha se deja sentir, ganándole un poco al mercantilismo con que se aprovechan los comerciantes.

Sin embargo hay personas (las habemos), para quienes esta fecha es distinta. Gentes para quienes la Navidad no es sinónimo de alegría o de paz. No sé porqué pero estas fiestas siempre me ponen triste. Me hacen pensar (antes) en lo que no tengo y lo que quisiera tener. Ojo, no hablo de cosas materiales, sino de cosas más humanas.

Me explico. A menudo escucho que la gente el 25 visita a sus familias. Van a la casa de sus padres, de sus padrinos, de sus tíos, o de un largo etcétera. En mi caso no es así. Ni ha sido. Pero espero que lo sea.

La Navidad definitivamente considero que es una fecha de reflexión, de unidad, de paz y hasta de armonía. Más allá de que para el mundo cristiano es la celebración del nacimiento de Cristo. Sin embargo por encima de ello me siento triste.

Aún no me he explicado. Lo que pasa es que estas fechas me llenan de un vacío de familiaridad. Me hacen sentirme solo, a pesar de que es una de las pocas fechas en que todos en mi casa estamos juntos. Aclaro que no es que mi familia (la que vive conmigo, papá, mamá y hermanos) me hagan sentir mal. No, no es así. Lo que pasa es que sencillamente muchas veces he querido pasar ese espíritu de ir a la casa de la familia.

Lamentablemente mis dos abuelos maternos ya no están con nosotros. Fallecieron hace no mucho y entonces como que ir a sus casas ya no tendría sentido. Mi abuelo paterno también ha pasado a irse de esta vida, y mi abuela materna (dios, es la única que aún tengo con vida) vive a cerca de mil kilómetros de mí, es decir que vive en otra provincia. Aunque exagero un poco con eso de mil, deben de ser 500, nada más.

Y los tíos, seguro se dirán ustedes. Pues qué puedo decir para explicarles. La verdad es que hace muchos años que no los visito. Años, qué feo suena eso, aunque sea verdad. Y como queme sentiría un tanto falso yendo por estas fechas a sus casas. Aunque dicen que estas festividades precisamente serían las ideales para retomar esos lazos que hace años se quebraron. Y no es que me haya peleado con ellos o mis padres o algo similar. No, no. Simplemente que un día de pronto los dejé de frecuentar y hoy me siento un tanto ajeno a ellos.

Ya, ok. Sé que quizá la culpa de esto sea más que de nadie, mía. Pero así soy de complicado. Si han seguido con esmero este blog, pues sabrán que precisamente no me caracterizo por una actitud positiva y ni por una visión “celeste” de la vida, vamos. Ah, pero no es que sea negativo, ni que sea yo el “grinch”, o Evenicer Scrooge (espero que se escriba así, me da flojera googlear), pero soy un tanto complicado.

Ahora debo aclarar que estas líneas me han servido para ir alistando un saludo para ustedes. Para todos ustedes: FELIZ NAVIDAD. Aún no feliz año porque preparo otro post.

Un pedido, dejen sus comentarios, no sean tímidos.