martes, 16 de diciembre de 2008

Un día cualquiera

A medida que la noche avanza me adentro en mis propias conclusiones sobre lo que ha sucedido a lo largo del día y caigo en la cuenta de que todo lo que he hecho ha sido más que innecesario. No logro encontrar algo quede verdad sea valido o permanente y eso me molesta mucho.

Cada uno de mis pasos son dados pensando en algo que pueda pasar de este día, de esta semana, de esta vida… pero no llego a nada en concreto. Siento que estoy dejando pasar muchas cosas, delante de mis narices, que es lo que más me molesta. A veces siento que soy yo mismo quien las ahuyenta y eso duele.

Dolor. Miedo.
No sé qué es lo que me pasa. No sé qué es lo que me molesta tanto, pero me fastidia algo en mí. Algo que quisiera sacarlo y dejarlo todo en alguna calle por la que no vuelva a pasar. Y quizá si eso hiciera sentiría luego que algo me falta. Que una parte de mí se me ha perdido.

Qué difícil es ser un hombre con estas disquisiciones sobre la vida.

A veces considero que todo pasa por algo, pero no sé cuál es ese “algo”.

Definitivamente que hace tiempo es que estoy así. Sé que puede ser el trabajo que tengo o el trabajo que no hago. O sea, quisiera hacer otras cosas distintas. Sento también que ya todo lo que hago es rutinario, monotono, mecanico, robotico. Como si lo que hiciera fuera una labor en serie.
Me siento una máquina parte de una industria donde todo se deshumaniza.

Y me siento culpable por no hacer nada para cambiarlo.

Reconozco también que es mi culpa