domingo, 14 de septiembre de 2008

Maratón de desempleados


No soy de postear dos veces en un día, pero por la tarde me topé con esto y considero que es crucial difundirlo. 
Los que tenemos empleo (qué feo suena eso), debemos solidarizarnos y lo mínimo creo que es DIFUNDIR la Maratón por los desempleados.
Revisa las bases aquí

Mi (pequeña) opera de los dos centavos




"Hay hombres que luchan un día y son buenos. 
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. 
Pero hay los que luchan toda la vida: 
esos son los imprescindibles".
Bertolt Brecht

PARA TI, PORQUE AÚN SIGUES LUCHANDO


Cada día se despierta poco antes de las seis de la 
mañana. Prende la luz de su cuarto, coge su toalla y se va a la ducha. Al menos esa es la rutina que imagino que sucede tras la puerta de su cuarto por lo menos hace unos 22 años; los que llevo de uso de razón.

Después de ducharse procuraba despertarme, simplemente dejando que el haz de la luz del baño me diera en la cara, pues la puerta de este y la de mi cuarto están frente a frente y mi cama casi alineada a estas dos. Entonces recuerdo que yo me desperezaba y me disponía también a alistarme para empezar mis importantes actividades diarias: cambiarme para ir al colegio o en auellos días seguro a la inicial.

No recuerdo en qué momento específico de mi vida empecé a no despertarme con él, o poco después, pero debe haber sido cuando acabé la universidad y conseguí un trabajo que no me demandaba (como el suyo sí) llegar a las ocho, sino a eso de las diez de la mañana.

Con el tiempo empecé a distanciarme de él sin darme cuenta, o queriendo -tal vez- expresar así la irredenta rebeldía juvenil. No lo puedo hoy precisar, sin embargo me distancié. Con el paso de los años ya lo veía sólo los fines de semana, pese a que sigo viviendo en la misma casa.

Es duro despertarse y al ver a tu padre darte cuenta que en una semana pùede haber envejecido más que en el tiempo que pasabas junto a él. Pero esta mañana, de este domingo,  he visto que los años no han pasado en vano. Aclaro que ya hace poco hemos retomado la relación que en algún momento mantuvimos, de amistad, de compañerismo, y porqué no decirlo, de complicidad. Muchas cosas en común (físicas, temperamentales, gustos y aficiones) nos hicieron en un momento ser más unidos que con mis otros hermanos, pero el tiempo nos jugó una mala pasada. Aunque creo que nunca es tarde.

Decía enotnces que este domingo, de este gris invierno, lo vi de pronto, en unos segundos, envejecer diez, quince, quizá veinte años de golpe. Me sentí yo mismo también envejecido, desgastado. Salimos temprano para hacer unas compras, y al quedarme al rezago un poco por cerrar la puerta, lo contemplé desde atrás, y vi una escena del futuro: caminaba renguenado, con el mismo paso inconstante que tengo ya cuando estoy cansado. En la misma pierna. Bien dicen que lo que se hereda no se hurta.

Ahora que poco a poco la vida nos vuelve unir en el mismo camino, creo que ya va siendo hora de dejar atrás aquellas corazas tontas, aquellas falsas caretas de "macho sin sentimientos", y entonces será el momento de abrazarlo, mirarlo a los ojos, darle gracias por todo y decirle que lo quiero. 

Porque lo quiero



Nota de la Redacción
  • La primera foto fue tomada hace cuatro años, el día que me gradué como periodista, o en Ciencias de la Comunicación, si prefieren.
  • La segunda foto debe haber sido tomada hace unos cuarenta años.