lunes, 30 de junio de 2008

Algo que decir

Después de dar una larga caminata y de no decidir en qué momento decirle lo que siento, sólo atino a pedirle que busquemos una banca y nos sentemos para conversar. Noto su desazón por mi propuesta, quizá espera lo que yo quiero decirle, y me dice que qué importa, que más allá debe haber alguna donde descansar.
Hace solo unas tres o cuatro semanas que nos conocemos pero a su lado siento que no hace falta nada más. Tengo un poco de miedo porque quizá piense que me aprovecho de la situación: trabajamos juntos. Aunque esa idea es descartada cada vez que aparece porque la verdad es que si fuera así ella jamás hubiera aceptado ninguna propuesta mía de “salir a dar una vuelta”.
La verdad es que esta no es la primera vez que salimos pero igual, aunque nadie me crea, soy tímido y he sabido jugar mis cartas para ser siempre el que dé la respuesta antes de ser quien lanza la pregunta.
Sin embargo esta vez siento que no será así. Ella tiene un no sé qué en los ojos que me derrota por completo, no puedo entender qué es pero me hace sentir totalmente distinto a cualquier instante de mi vida pasada. Debe eso ser eso que se llama “mariposas en el estómago” y que jamás había conocido.
Nos sentamos. Después de unas vueltas más encontramos una banca. Me pongo a su izquierda, o ella a mi derecha y empiezo a jugar con su cabello. Sus rulos me atrapan y me enredo en ellos. La miro y no hay más, creo que ella está esperando lo mismo que yo. Pero no e atrevo aún. Prefiero esperar a que ella dé algo, una señal. Existen esperan que desesperan y esta es una de esas.
Para esto debo aclarar que los dos venimos de estar solos digamos que mucho tiempo. Tomando en cuenta que han pasado todos los ciclos posibles de medición: días, semanas, meses y años. Entonces aún así no sé qué hacer.
A veces la soledad va calando en uno y descubriendo cosas que no se saben. Costumbres que ni imaginamos. Ideas que nos aterran pero que so nuestras. Deseos que no esperamos pero que anhelamos. A veces nos descubrimos en el dolor y en la miseria. A veces empezamos de nuevo dejando todo atrás y decidiéndonos a retomar la vida donde la dejamos.
Decido que ya no puedo más. Si bien me estoy arriesgando a que todo quede acá nomás. A que ella piense mal y a desperdiciar una gran oportunidad (existen personas que te hacen pensar en el futuro) pero igual me arriesgo: la beso. Al comienzo ella un poco que no se anima o un poco que está sorprendida. Temo haberme equivocado de percepción y que ese sentirse bien que se le nota cuando está a mi lado no sea más que solo eso. Pero Dios es grande y sus labios también. Me besa.
Le digo que me gusta y que quiero estar con ella y ella baja la mirada: era lo que deseaba.