domingo, 5 de octubre de 2008

A veces gris, a veces blanco...

Va más allá. Es algo con lo que te despiertas, sabes que está en ti, pero no lo entiendes. Entonces te das cuenta que sin querer haz pateado tu pantufla debajo de tu cama, deberás caminar descalzo sobre el frío piso, seguro más tarde estordunarás por eso. Quizá no haya agua caliente y tendrás que esperar y perderás tiempo, lo que te hará demorarte en llegar a tu trabajo y te reclamarán porque has llegado tarde.

Sigues el día y es lo mismo. El almuerzo te lo sirven frío, llamas y nadie te contesta, no puedes acabar lo que te encargan, te reclaman por cosas que no has fallado y prefieres callarte y evitar así un cansancio mayor.

Sigues pensando que solo es un mal día aunque en el fondo sabes lo que es. Todo te va mal, las cosas se caen a tu paso, o quizá no y eres tú quién está mal y no hay más arreglo que no pensar en arreglar nada. Caminaras y pensarás (sentirás) que nada de lo que has hecho hasta ese día ha tenido sentido alguno, seguirás y mirarás las caras vacías que pasan a tu alreddor, quizá hasta pensarás en alguien a quien no ves hace más de quince años porque así de melodramática suele ser algunas veces la vida y nadie lo sabe pero así como es la tenemos que vivir.

Aunque no la hayamos pedido.

El día no acaba así nomás. Algo dentro de ti te dice que estás mal, que no estás haciendo lo que deberías ni mucho menos que esperan de ti y eso te hace sentir igual: entonces la obscuridad absoluta es una idea mucho más que atractiva. Acaricias tu cuello y lo piensas, pero sabes que no podrás, que no te atreverás. Te duele la cabeza y eso es más importante que todo. Dejas el cigarrillo que llevas encendido casi sin fumar y lo arrojas a la vereda. Tienes sed y hambre pero no tienes nada en realidad. Solo un vacío dentro que no sabes qué es, pero sí lo sabes.

 Piensas en que la caída puede ser tan agradable como estar echado, total ya nada estara en tu cabeza pero no se puede. Si así de fácil fuera todos todos lo harían pero no lo hacen. Y te das cuenta que ahora también te duele la nuca, el cuello, los hombros, te arde el estómago y los ojos. Qué pasaquieres preguntar aunque ya sabes qué es lo que sucede.

No tienes escapatoria, a veces es así. A veces te despiertas así y entonces es así como todo seguirá. Los días (crueles) suelen ser así: a veces gris, a veces blancos.


1 comentario:

nancy dijo...

Ojalá que esos días grises sean cada vez más lejanos. No desesperes, a todos nos ocurre. Lo importante es que luego hay mejores momentos y mejores días, pero hay algo más: gente que te quiere mucho!!!