martes, 25 de septiembre de 2007

Caja de la Memoria

Jamás pensé que las cosas iban a suceder de la forma en que acontecieron. Sus recuerdos se iban como el agua entre los dedos. Y entre esas memorias que se vaporizaban se iba también la imagen de este chico que estaba de enamorado con su nieta.
Las cosas eran muy lindas, por decirlo de alguna manera. Eran buenas en verdad. Llegaba a la casa de la chica de la que hablé hace un momento, y su abuela se emocionaba tanto como ella. Era muy gracioso, le gustaba conversar mucho conmigo, me contaba sus cosas, lo que pensaba. A veces mi enamorada hacía lo mismo. Pero en fin, no es de ella de quien quiero hablar.
Y así pasaron varios años, y sentía que de verdad ella me consideraba, digamos, como un nieto más, como el tipo indicado con el que le gustaría que su nieta, la favorita ella misma, pase el resto de sus días y forme una familia. Y así que yo la llamaba en su cumpleaños si es que no podía ir a saludarla, le hablaba, le conversaba. Siempre tenía minutos y más para oírla y saber qué pensaba. Siempre tuve esos detalles con ella. No me incomodaba, a pesar de que a mi enamorada le aburriera algunas veces que yo pasara el tiempo así con su querida abuela. Pero así soy yo, y nadie me puede cambiar. A veces hago lo que nadie espera de mí.
Y así hasta que un día mi enamorada me contó que algo extraño le pasaba a su abuela. Estamos en la cama descansando después del combate sexual cuando ella me dijo: sabes, no sé que le pasa a mi abuela. Anda medio volada.
Y andar medio volada empezó a ser la forma de ser de la tierna anciana. Se olvidaba de todo. Le echaba doble ración de sal a la comida (y hay que decir que cocinaba muy bien y que le quedaba todo de un sabor insuperable), se olvidaba de las pastillas, confundía los personajes de las novelas, se olvidaba de que ya había almorzado, se olvidaba de su familia.
Hasta que un mal y maldito día se olvidó de mí.
Juro que ese día, en que ella no me reconoció, sentí que ya todo se había acabado. La relación con mi enamorada, para ese entonces estaba muerta. Yo había hecho un viaje a Chincha, sólo con la finalidad de que mi, para ese entonces, ex enamorada pase la fiesta de Año Nuevo conmigo. Y además era un buen argumento para ver a mi querida y anciana admiradora y amiga.
Mi ex me lo advirtió. No es la misma, Omar, no te vayas a asustar. Y me asusté. La vi y me acerqué muy presuroso a darle un beso y abrazarla, pero ella se asustó y sólo retrocedió mirándome como se mira a un extraño que nos quiere atacar. Debo confesar acá que estuve a punto de llorar. Las lágrimas pugnaban por asomar y dejar claro que eso era algo que me había dolido. Pero preferí no hacerlo. Por ella. Por ella también.
Traté de hacer que me recuerde. Pero era complicado, era como intentar armar un rompecabezas en el que no se encuentra la pieza clave. La pieza de donde te das cuenta que todo parte y empiezas a dar forma, al mural que no es tu vida, pero que nace bajo tus manos.
Le hablaba de mí, de mi casa en Chorrillos, de mis cigarrillos, de que amaba (¿la amaba aún? O quizá también me iba olvidando de eso) a su nieta, de que ella siempre tenía la buena mano para preparar algún dulce cuando yo iba a su casa. Le dije de todo, hasta le conté los secretos que ella me había confesado. Nada. Al final nada conseguí.
Ella ya me había sacado de su mente, de su memoria, de su vida. Lo mismo ya había hecho su nieta.
Era evidente mi dolor por esto. No pensé que la enfermedad la había atacado tanto y de manera tan veloz. Creo que no me veia en tres meses, pero yo para ella ya era un completo desconocido, un extraño en el que no se debe confiar.
Ahora ya no sé nada de ella. Rompí toda relación con su nieta, que ya para ese entonces no era nada mío, y yo no presumo que haya seguido siendo algo para ella. Me desconecté de ese mundo. Pero a veces esa tierna y sabia abuelita vuela hasta mi mente, y pienso (¿qué equivocado se puede estar?) que ella está pensando en mí. ¿O´será su nieta la que aún piensa e mí?
Yo también ya me olvide.