jueves, 16 de agosto de 2007

El día más largo de los limeños

La noche recién había empezado. Eran las 6:41 de la tarde y una leve sacudida llamó la atención de todos. Me encontraba en la redacción del diario en que trabajo y todo parecía sólo un temblor más. De esos a los que los limeños ya estamos por demás acostumbrados. PArecía pero no lo fue.
La tierra seguía remeciéndose. Diez segundo. Veinte. La fuerza se intensificó y el miedo empezó a reflejarse en los rostros de los demás que estaban a mi alrededor. Un valiente redactor de política fue el primero en cruzar el umbral gritando lo que más tarde sería firme sinónimo de dolor: Terremotoooooo!
Al salir a la calle, más de un minuto después de que todo empezara, la tierra seguía moviéndose y con más fuerza. Los sismografos estaban marcando 7.1 grados en la escala de Richter. Nosotros sólo sabíamos que eso era algo fuerte. A cambiar la edición. En fin. Pero pasó algo que pensé que sólo sucedía en las películas. Ahí me asusté, de verdad.
Las pistas se movían como si fueran una alfombra tirada por algún gigante, los carros bailaban sobre el asfalto. Todo se movía. Los postes bailaban una trágica danza con los ároboles y ondeaban sus cables. Todo se movía. Un minuto y Treinta.
La gente de las demás casas salías despavoridas. Los niños lloraban, las mujeres se aferraban al brazo de sus hombres. Todo era pánico. La última vez que recuerdo ese sentir común de miedo, fue cuando la demencia senderista dinamitó Tarata. Todos, en todos lados, se abrazaban y sentían miedo. Esta vez el enemigo venía de adentro, de las profundas tierras.
Nadie hasta ese momento podía presagiar lo que habría de pasar. Lo que ya había pasado. El caluroso departamento de Ica había sido devastado por la furia de la tierra. Chincha, Pisco, Ica, el panorama era casi similar por esos lares.
Adivinamos a dónde habría sido registrado el epicentro. En ese momento caí en la cuenta de que si Lima no había sido el epicentro, cómo estaría la ciudad que lo haya sido. La verdad es que las ideas en ese momento quedaron cortas para lo que después sería la cruda realidad: el epicentro se registró en el mar de Pisco. Pisco tiene más de 200 pobladores muertos a consecuencia de este terremoto.
Chincha e Ica no se quedan atrás. La cifra total a estas alturas ya indica que van un total de 337 muertes, 829 heridos y se habla de cientos de desaparecidos. Quienes podrían pasar a engrosar el número de muertos.
Continuará....dejen sus comentarios.