sábado, 3 de febrero de 2007

Balada para nuestro amor.

Una vez leí que la vida de las personas es como la escritura de una melodía, de una canción. De una balada. Se va creando el ritmo, se escribe la letra y se cierra con un coro. Cada parte del ritmo que bailamos es una etapa de nuestra vida: lenta, rápida, con pausas, Y la letra es la historia, la que nos tocó vivir, lo que nos pasó.
El coro es una parte de nosotros que nos gustó tanto, que no paramos de repetirla. O una etapa que nos marcó para siempre como sólo lo hacen los amores que acaban sin avisarnos, que nos sellan a base de lágrimas y de dolor y que como buenos idiotas que somos no paramos de repetírnosla.

Pero es nuestra canción y nos gusta. No cambiamos de radio. Así son nuestras vidas, la tuya y la mía. Tú ya debes saber porqué digo esto, te lo expliqué la otra tarde. Nuestras historias ya tienen el coro escrito. Pero la vida es así, maldita sea, no comparten notas, no tenemos el mismo compositor.
Cada persona que conocemos, cada cosa que nos pase o hagamos le cambia la melodía, pero de manera mínima. Salvo cuando eso que nos pasa (que siempre tiene nombre propio) nos hace sufrir y meditar sobre si vale la pena seguir o si lo que nos pasa es inevitable como la muerte o como la vida -espero estar siendo claro- sólo ahí puede cambiar nuestra melodía como de una salsa a un tango, y hasta más.

Corazón sin Dios dame un lugar, en ese mundo tibio casi real.

Ya mi canción está a punto de terminar, ya casi está hecha. Pero ¿tú? Creo que también y que es más bailable, más alegre, como lo eres tú. Como siempre lo serás tú. Pero al final sabemos que somos dos canciones que no postulan a ningún ranking, que sólo suenan. Nadie echará ninguna moneda para que suenen. Ya sé porqué las estrellas se ven de noche cuando no hay luna. Ya sé porqué tus ojos no dejan de mirarme cuando estoy triste. Estás esperando a que te saque a bailar.
Talvez no eran distintas nuestras canciones, talvez eso era lo que las hacía más difíciles de juntar. Pero recuerda: tú has escrito grandes melodías en mi pentagrama, pero sólo se puede decir que lo has aumentado. Yo en cambio, he finiquitado los arpegios, e instaurado nuevos glisandos. He incorporado pausas y solfeos. Hasta podría decir que antes no había más que un estribillo y que yo te he dado una gran melodía.
Creo que sí estoy siendo claro. Cuando ya la canción está hecha sólo quedan dos cosas: vivir con la que ayudó a componerla hasta el final; o la otra opción, la más triste, la que seguro nos llena de terror y envejece a todos: saber que siempre daremos conciertos, seremos estrellas, pero que siempre seremos solistas. Claro que la primera alternativa implica que los dos hallan compuesto la melodía de ambos, y entonces ese coro de gemidos podrá convivir.
No me toques ese vals. Si no suena, ni modo, no suena. No hay nada peor que un remix (para seguir hablando en términos de música, si es que lo son), es un vago intento o la triste búsqueda de un fantasma. Claro que lo hay y que son “hits parades”, pero de esos casos sólo muy pocos. La vida es así.
Yo no sé cantar. Debes pensar y tener en cuenta siempre esto: los hombres, hombres somos y actuamos como sobrevivientes; sé que me entiendes y si no, no me preguntes. Y las mujeres, pues mujeres son. Stop.