lunes, 17 de septiembre de 2007

¿Y ya leiste este este libro?

Cada mañana que abro la bandeja de entrada de mi e-mail siempre espero ver un correo nuevo. De quien sea, pero que sea para mí. No. No hablo de esos correos que te envían las malditas agencias de publicidad electrónica informándote que tienen en su almacén el último consolador/vibrador con seis velocidades y turbo stereo. No. Esos correo se los pueden meter donde definitivamente terminarán esos productos que tanto anuncian.

La verdad es que soy un maniático para revisar mi correo electrónico. Lo reviso más de cincuenta veces al día. ¿Tan necesitado estoy de que alguien me escriba? No. Esa no es la respuesta. Lo que sucede es que me gusta leer y más aún me gusta escribir.

–Pero entonces porqué no te compras un libro y asunto arreglado.

No, de nuevo. La cosa no es tan sencilla como ir y comprar un libro. Eso para mí es lo más difícil del mundo. Qué dolor de culo comprar un libro. Ir a la librería, primero decidir a cuál. Navegar entre los miles de títulos nuevos. Comprar un traducido o en idioma original. El tipo de pasta, el tipo de hoja, de tal o tal editorial. Qué puta manía de exhibir tanta cosa junta.

Lo más jodido de ir a comprar u libro es saber si lo que estás comprando no se convertirá mañana en un “libro hecho para gays”. Últimamente suele pasarle esto a cualquier escrito que tenga la palabra pene más de cinco veces en una sola página. Pobres autores de tratados de urología.

Y esto que digo es verdad.

También está el inconveniente de que en la librería se te acerque alguien y te diga algo así como:

– ¿Y tú ya leíste esto?

Si quien te dice eso es una chica, digamos que algo linda, aunque sea cumplidora, pues dale gracias a Dios y a la Melchorita por haberse acordado hoy de tus 25 años de rezos acumulados. Y di algo como:

–Sí. Es un gran libro, muy tierno y romántico.

Con esa frase ya casi le has quitado la mitad de la ropa. Y si de paso agregas una cosa como “en muchas de sus páginas estuve a punto de llorar”. De seguro que ella va a ser quien antes de irse de la librería te va pedir tú número. Con el pretexto de reunirse a conversar sobre literatura. Pero tú sólo le querrás hablar de tu colección de revistas Playboy y de porno hardcore.

Volviendo al tema, la verdad que es muy difícil decidirse. Al final uno acaba comprando cosas del tipo “Manual del hombre multiorgásmico”. Y lo leerás pensando que es una gran inversión, que tendrás sexo más placentero. Craso y caro error. Sexo más placentero que con una 100-58-100 no podrás tener ni después de leer cien mil libros de autoayuda.

Por eso cuando voy a una librería, pocas veces en realidad, me paro cerca de los libros tipo “Nunca secaré mi pañuelo” y pongo cara de intelectual barato. Siempre, pero siempre, alguna chica se acerca y…bueno, ustedes ya saben lo que sigue.

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