domingo, 25 de marzo de 2007

La verdad de los domingos

No soy un hombre de familia, pero aspiro a tener una un día muy cercano, antes de mis 30 años. La verdad es que ahora quiero hablarles de algo que me sucede los domingos, cuando me toca descansar este día. Lo paso por lo general en mi casa, y contrario a lo que los demás puedan opinar, me aburro como si estuviera en la cola de algún banco, como si estuviera esperando que una mujer me diga las cosas de frente y sin indirectas o medios lenguajes.
La verdad es que no me gusta estar en mi casa los días domingos, no sé porqué, porque todos dirán que soy un marciano por eso, pero así soy yo. Camino por toda mi casa sin encontrar cuál es mi parte, cuál es mi rincón. Ahora, a veces, pienso que no es mi casa. Que mi casa ya no me pertenece. Que otras personas vendrán de un momento a otro y se instalarán en el cuarto en el que duermo y que se adueñarán de todo. De mis ropas, de mis discos. Hasta de mis libros. Y tengo miedo.
Arrastro mis pesados pies hasta mi cama, antes cojo un libro que ya leí antes y vuelvo a hacerlo. Me tumbo y descanso con los ojos sobre letras repasadas. Sigo pensando en la nada y que ya en unas horas será lunes y que tendré que empezar todo de nuevo. Ponerme la máscara para disimular que me agrada lo que tendré que hacer: apretar el gatillo es algo fácil.
Como decía, camino y camino hasta que acabo todos los pasos. Sigo y no voy a ningún lado. Mi casa ya no es mi hogar, creo que todos en mi familia me miran con ojos de extraños. Y creo que tienen razón.
Los miro y no me reconozco, aunque somos más que solo parecidos. La verdad está en sus ojos. No son ellos. No son las cosas de acá. No es que cambien las paredes ni los pisos. Soy yo.

lunes, 19 de marzo de 2007

El año en que mataron al campeón de tae kwon do



El Perú es un país violento y su capital, Lima, ya puede contarse entre las ciudades más peligrosas a nivel mundial. La inseguridad y los crímenes al paso son cosa del día a día. Pero hay muertes que no pasan desapercibidas, hechos que marcan a la colectividad y no pueden simplemente “pasarse a otra hoja”. El crimen de Ki Hyung Lee fue uno de esos casos. Era un hombre que renunció a su tierra y dio todo por el Perú, inclusive se nacionalizó.

La tarde del 9 de enero de 2004 era como la de cualquier otro verano, con ese típico calor sofocante que llena de sudor a los limeños. En una calle de San Isidro, un hombre que había apostado todo por el Perú iba en su vehículo rumbo a su casa, llevaba consigo un maletín con 40 mil dólares que acaba de cambiar en el conocido jirón Ocoña. Para él no sería un día común. A menos de un kilómetro de distancia, un grupo de criminales coordinaba el que pensaba sería uno más de sus atracos con el que pagarían los tragos para el fin de semana, con el que comprarían la droga de rigor en las juergas, y las mujeres de la calle para sus orgías. No imaginaban que acabarían con la vida de un maestro, y que este nuevo atraco los pondría tras las rejas. Esa tarde, el campeón mundial de tae kwon do, Ki Hyung Lee, fue acribillado de dos disparos: uno en el pecho y otro en el abdomen.
Una llamada telefónica inició los mecanismos de la muerte: coordinaban la calle en que interceptarían el vehículo en el que viajaba Ki Hyung Lee. A bordo de una moto Yamaha de placa ME1950, tres sujetos cerraron el paso al auto y amenazaron al hombre, apuntándole con un arma. Estaban en la tercera cuadra de la avenida Principal, en San Isidro, a sólo unos metros de la academia de artes marciales que dirigía el hombre, en la entrada de su domicilio.
Ki Hyung Lee intentó defenderse, poniendo férrea resistencia al arrebato de su maletín, lo que sólo enervó los nervios del Fidel Núñez del Arco Tássara, quien en ese entonces tenía 36 años, y había estado al timón de la moto. Sacó su revolver y apuntó a Lee, pero éste lo empezó a golpear. Aturdido por la lluvia de puños que recibió, dio un paso atrás y disparó dos veces. Una en el pecho y la otra en el vientre.
El hombre, quien había dejado su tierra natal al otro lado del mundo, y se había puesto los colores del Perú, para representar a nuestro país en torneos mundiales de tae kwon do, dejó de existir casi al instante. Más tarde, los médicos dirían que el deceso se habría producido por un paro cardiorrespiratorio, diagnóstico común que quiere decir que el corazón de un hombre deja de trabajar, y además paraliza los pulmones.
Instantes antes de los disparos, los dos hijos de Ki Hyung Lee habían oído los gritos que se originaban en la puerta de su domicilio, y bajaron presurosos del segundo piso. Lo primero que pensó Yong Ho, el primogénito, fue que les estaban intentando robar el auto. Dio unos pasos, pero uno de los delincuentes, quien luego sería identificado como Núñez del Arco, lo amenazó apuntándole con un revólver. Ya su padre había recibido un disparo mortal. El vigilante del local también pasó por el mismo peligro: corrió al auxilio de su jefe pero poco pudo hacer cuando el cañón de un revólver le cerró el paso. Era como si toda la sevicia y vileza de los criminales estuviera reunida en ese local. Era como si una simple llamada habría coordinado un crimen perfecto. Pero como bien reza el dicho, el crimen no paga.
El oportuno paso de un integrante del cuerpo de serenos de San Isidro, David Yupanqui, quien se había percatado, desde la combi en que viajaba, de lo que estaba ocurriendo en la casa del campeón, lo puso sobre aviso y dio parte a sus demás compañeros, que se dirigieron al lugar.
En ese momento los tres maleantes, Núñez del Arco y Wilson Melciades Vargas Lancho, alias Gringo (cabecilla del grupo), y Víctor Caycho Fernández, emprendían la fuga en la misma moto en que interceptaron a Ki Hyung Lee. De inmediato se dio inicio a una persecución que acabaría más de veinte cuadras después, llegando a la avenida Angamos, en Surquillo, momento en que la llanta trasera de la moto se revienta y los delincuentes tienen que escapar a pie: para hacer más fácil su fuga deciden separarse.
El primero en caer fue Núñez del Arco, lo detuvieron a sólo unas cuadras de donde se separaron. Estaba en una combi y cuando se dio cuenta de su suerte no opuso resistencia. El 3 de febrero cayó Wilson Melciades Vargas Lancho, días después sería detenido el tercer responsable de la muerte de Lee.

LA GATA
Las pesquisas policiales determinaron que los criminales eran miembros de la banda “Los Malditos de Surquillo”. El 2006, año en que cayó preso Johny Vásquez Carty, conocido como La Gata, se le acusó de ser responsable del atraco que acabó con la vida de Ki Hyung Lee. Sin embargo, el también ex miembro de la Policía y autor de los más sonados secuestros de la última década negó tener cualquier relación con este crimen.
PUEDE LEER ESTE TEXTO EN LA WEB DEL DIARIO LA PRIMERA

domingo, 18 de marzo de 2007

GIRO DE TUERCA

Ante lo difícil de seguir con la línea madre de este blog, y de mis ocupaciones laborales que cada vez me absorven más, he decidio hacer una serie de cambios en cuanto al contenido del mismo. No será nada drástico ni sufrido. Sólo unos pequeños detalles.
A partir de la fecha los post tendrán fotos. Obviamente relacionadas a lo que se escriba. Lo que se escriba ya no serán textos netamente de ficción. Habrán ahora también comentarios de hechos trascendentes, o de los que yo considere como tales.
Hablaré un poco de mí, de lo que hago y no hago, o de lo que leo y escucho. Y veo.
Espero que me sigan como antes.