lunes, 19 de febrero de 2007

Un tipo malo I

Entró a la bodega y pidió una cajetilla de cigarrillos y un par de barras de chocolate. Metió la mano a su bolsillo y pagó con un par de monedas. Salió y observó a los niños que jugaban por ahí cerca. Miró su reloj: era casi el mediodía. Esta es la mejor hora del día, aire fresco y varios niños corriendo por todos lados, pensó para sí y se metió la mano al bolsillo. Sacó un cigarrillo y empezó a fumar. Miraba a un lado y otro. Los niños corrían y saltaban, todo era alegría.

Dudaba si acercarse o seguir observando, total pasaría una media hora antes de que sonara la campana y ya nadie lo observaría, sería como uno más. Las salidas de los colegios siempre fueron sus lugares predilectos, aunque sea para mirar.

Dobló el diario que llevaba en la mano y se lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Como cualquier padre que hace hora para esperar a que su hijo salga.

Era algo que le corría las venas, le quemaba las entrañas y no podía evitarlo. A veces con sólo imaginarlo se corría. Sabía que era una enfermedad. Lo sabía y no podía controlarlo. Se odiaba la mayoría de las veces por ser así. A veces prefería no existir cuando tomaba conciencia de lo que hacía. A veces hacía lo que estaba por hacer. Se descontrolaba y se excedía. La fragilidad de un niño nunca podía aguantar sus pasiones más enfermizas. Pero al final, él seguía siendo lo que era, y eso nadie se lo iba a cambiar.

No hay historias pasadas ni oscuras escenas de infancia en su cabeza. Hasta podría pensarse que es un tipo normal, casado, dos hijos, una casa, un perro, un auto, un trabajo respetable. En fin, lo que todo hombre desearía para sí.

Continuará...

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