miércoles, 27 de diciembre de 2006

Mi tio Alonso

Mi tío Alonso siempre me decía que las cosas están cada vez peor, que ya no se puede salir a la calle porque a uno le puede explotar un carro en la cara y yo no entendía nada de eso. Yo he viajado muchas veces en carros y nunca he visto que puedan explotar, sino la gente no andaría en ellos. Pero el tío seguía con eso, que a cada paso pueden explotar, que los pips (y yo no tampoco sé qué es eso) no paran de pedir papeles a todo el mundo y que los rojos (nunca he visto a nadie rojo) andan por todos lados y que ya no es fácil saber quién es quién ni hablar con nadie que si no nos manchan. Pero mi papá se reía de él cuando decía eso.
Mi papá hace poco me dijo que nunca diga nada a nadie de cuál es su trabajo. A mi me gusta que él sea militar (aunque no debería decir que lo es), porque me gusta su uniforme. Me gusta como le queda. Aunque no me gusta mucho porque a veces se va de la casa por semanas y me dice que es por cosas de trabajo, pero que me va a extrañar mucho. Siempre me dice hijita sólo por ti vuelvo cada vez que me voy. Solo por ti.
Tío Alonso me dice que mi papá es malo y eso me molesta. Aunque una vez me contó porqué decía eso y me hizo llorar. No quise oír lo que decía. Pero él seguía y me decía que mamá también lo sabía. Que le pregunte a ella si mentía. Y le pregunté y mi mamá se amargó mucho con él y cuando papá volvió le contó y casi le pega a mi tío Alonso. Yo lo quiero porque es el hermano de mi mamá y vive con nosotros desde que nací. Pero ese día que me contó lo que mi papá hacía, lo odie. Deseé que esos carros que explotan, le exploten en la cara a él.
Cuando mi papá volvió me contó que eso no era así. Que el trabajaba para que yo y mis amigas podamos vivir en paz. Para que podamos jugar donde queramos sin que nadie no haga daño. Que no le haga caso a mi tío, porque es medio rojo. Solo porque es hermano de tu mamá está acá, si no ya lo hubiera botado. Si te sigue asustando dile que yo te dije eso, ok mi hijita.
Y así le dije a tío Alonso y se asustó creo. Porque me dijo que como había hecho eso de contarle. Y le dije que fue porque él habló mal de mi papi. Que él trabaja para que nosotros vivamos en paz y sólo se rió.
La otra noche se fue la luz, antes de eso algo sonó muy fuerte y yo me asusté mucho. Mi mamá me abrazo y me dijo que esos terrucos nunca iban a dejar de jodernos la vida. Nunca la había oído hablar así. Ni cuando se encierra en su cuarto con mi papá y se gritan.
Pero prendió un mechero y nos sentamos en la sala a esperar que llegue la luz. Al menos eso esperaba yo. Porque los grandes sólo miraban al teléfono. Lo miraban y parecía que sus miradas iban a hacer que suene pero no sonó. Yo me quedé dormida y a la mañana mi mamá me dijo que papá había llamado y que no nos preocupemos por él, que está bien. No entiendo porqué habría de estar mal si estaba en su trabajo. Mi mamá me abrazó y me dijo que todo se iba a acabar pronto. Tío Alonso me dijo que anoche los camaradas ya no iban a aguantar más represión. No entendí nada. Sólo sabía que estaba muy amargo. La radio decía que anoche habían derribado una torre en Lima y que por eso se había dio la luz. Mi mamá me dijo que esos eran los que papá combatía y que por eso su trabajo era importante para todos. Pero tío Alonso le dijo que no me mienta, que papá se dedicaba a matar a cualquiera que se le cruzaba en el camino. Que era una máquina de matar del gobierno. Que algún día tendría que pagar con su sangre toda la sangre que hacía derramar. Ese día mamá lo botó de la casa. Le dijo que no íbamos a mantener más a un vago (yo no sabía que yo también lo mantenía, yo sólo le daba un beso de buenas noches). Papá regresó al día siguiente, y como tío Alonso aún no se iba le dijo que se tenía que ir inmediatamente. Pero tío Alonso le contestó y se empezaron a gritar. Tío le decía asesino y yo quería que mi papi le pegue para que se calle. Y le pegó. Le dio un golpe en la nariz y empezó a sangrar. Tío Alonso se aventó encima de mi papá pero mi papá lo cargó y lo arrojó al piso.
Se fue al final, llorando y amenazándolo, que todos se iban a enterar de a qué se dedicaba, de cuál era su trabajo. Papá le dijo que no se atreviera o sino se olvidaría que era su cuñado y que de verdad lo iba a conocer. Yo creía que ya se conocían pero parecía que no. Ese día tío Alonso me dio un abrazo largísimo y me besó en la frente y me dijo que nos íbamos a volver a ver. Me regaló un librito que nunca entendí porqué me pidió que lo oculte y que cuando fuera más grande lo leyera.
Hasta hoy no lo he leído porque aún no soy grande. Pero creo que debería leerlo ya. Ayer mamá estaba llorando y papá le decía que ya sabíamos todos que así iba a acabar, pero yo no y menos qué cosa era lo que había acabado. Mi mamá me vio con sus ojos llenos de lágrimas y me abrazó y me dijo que tío Alonso había muerto, que le habían querido robar y se había defendido y lo mataron. Pero yo sabía que no era así, yo sabía que era por mi culpa. Porque yo había deseado que un carro de los que explotan le explotase en la cara.

2 comentarios:

Zoa dijo...

Muy bueno! A través de tus relatos se respira sensibilidad.

Rommy dijo...

ohhhh, realmente bueno, se me erizó la piel completamente,escribes muy bien...
besotes