miércoles, 27 de diciembre de 2006

Historia de Amor Conjugado

La última noche que llegó a casa se sentó en su mueble de la sala, su favorito, se dejó caer sobre él, sacó un cigarrillo y lo encendió. Sabía que sólo le quedaban 20 minutos: entrar, medir, llamar, gritar. Hace 20 días que sabía lo que iba hacer esta noche. Estaba ebrio, quizá para darse valor. Quizá para no pensar. Se levantó y se dirigió a la habitación. Entró y se hecho al lado de ella. Le acarició la cabeza, los cabellos, sus hombros y la besó. Se despertó y le preguntó a qué hora había llegado. No te preocupes, mi amor, ya estoy acá. Nada te va a pasar, sigue durmiendo. Esperó unos minutos y empezó a desnudarse. Pegó su cuerpo al de ella y sintió asco de su excitación. Es peor que una enfermedad, pensó. La empezó a desnudar y no podía controlar sus impulsos animales. Empezó a llorar y ella se despertó. ¿Qué haces? No tengas miedo, no te voy a hacer nada malo. Ella se dejó hacer sin saber lo que ocurría. Cerró los ojos y soportó el dolor que nacía en su vientre y azotaba todo su cuerpo. No pudo evitarlo y comenzó a gritar y golpearlo. Él sólo sentía aumentar su excitación. Lloraba, pero no podía detenerse. Acabó. La niña lloraba en medio de la cama y una mancha de sangre empezaba a cubrir las sábanas. No te preocupes, no tienes que llorar, confía en mí. Soy tu padre.
NOTICIA.
Conmociónen Lima. Padre alcohólico viola a su menor hija de sólo diez años y luego la mata. El filicida, identificado como Juan Solís Munaiba, dejo una carta en donde señala que su trágica actitudla tomó porque su mujer lo había abandonado y que no se sentía capaz de cuidar a su menor hija, de iniciales X.S.H. Agentes de la policía que llegaron a la escena del crimen, alertados por una llamada que habría realizado el padre antes de suicidarse, señalaron que el cuarto de la menor estaba regado de sangre por todas partes y que en la pared estaba escrito con sangre un mensaje que aludía al amor que el padre sentía por su hija: “Te amaré toda la vida, mi niña”.
La madre de la menor asesinada no ha podido ser ubicada y se mantiene en reserva su identidad por medidas de seguridad. Según narraron peritos de criminalística, Solis habría asesinado a su hija ,luego de violarla, usando un cuchillo de cocina con el mismo que le profirió varias puñaladas en el torso. Luego se habría dirigido a la sala de su domicilio donde antes de dispararse en la sien, se cercenó el miembro viril con el mismo objeto.

No Olvides Que Es Por Tu Bien

Estaba parada y no se daba cuenta de lo que le estaba ocurriendo. Sólo recordaba que una vez fue al campo con sus amigos, sentía aún el viento fuerte en su rostro y ese aire distinto al de su gris ciudad. Lima no es precisamente un reino de verdor. Corrieron todos por una trocha que descendía hasta un rio y empezaron a saltar alrededor. Jugaban y se arrojaban agua, corrían alrededor del río, con miedo a darse un baño. Su padre les había dicho: no se metan al rio, no se ensucien la ropa.
Pero todos los niños suelen olvidarse de ese tipo de advertencias y más aún al calor de los amigos. Decidieron entrar y darse un chapuzón, empezaron a lanzarse agua y algunas cosas que tenían en los bolsillos. Empezaron a correr y salir del río. Uno de los niños empezó a gritar, a su alrededor estaba formándose una gran mancha roja que enturbecía el agua. Todos gritaban y el niño seguía gritando en medio del río, los miraba y les pedía ayuda: un clavo le había perforado el pie. Todos los niños lloraban y corrían sin rumbo, no sabían qué hacer, mas que llorar. Ella se sentó y veía a todos sus amigos corriendo y tropzándose, algunos se acercaban al niño herido pero éste les decía que no se podía mover, que su pie le dolía demasiado, quería que llamen a su mamá. Aunque no estaban muy lejos, nadie quería hacerlo porque sabían que los iban a castigar por no obedcer, por haber entrado a jugar al rio. Ella fijó su mirada e la gran mancha roja y su reguero que se iba con la suave corriente. Sangre.
Entiéndeme, nunca debes desobedecerme, eres una maldita estupida de mierda, siempre quieres hacer lo que te da la gana. Ahora vas a aprender a obedecerme. Su padre empezó a descargar su ira en la correa que laceraba el cuero de la chica, ella sólo pensaba en la gran mancha de sangre que había visto una tarde.

Una noche más

Every time we say goddbye. Ella Fitzgerald.
Esa noche ella me enseñó algo que jamás olvidé. Jamás. A veces cuando recuerdo sus palabras me doy cuenta de que sigo siendo el mismo tipo estúpido y arrogante de siempre. El mismo que se creía más que todos, y que todos no eran nada a su lado. Cada vez que pasa eso me siento mal, porque entonces me vuelvo a dar cuenta de que ella tenía razón y que es como si siguiera parado en la misma vereda en que me aventó el mundo encima.
“Nunca vas a hacer nada por mí. Nunca quieres hacer nada por mí. Todo para ti es tú y tú y sólo tú. Para ti yo no valgo ni lo que gastas en tus malditos cigarros. Todo lo que hago está mal, todo. Porqué mierda eres así. Te amo pero no puedo más. Sé que nunca te voy a dejar de amar, pero no puedo más. Me hiere amarte y no quiero morirme de amor. Prefiero morir sola antes que morir por el amor que te tengo”.
Y lo peor de todo fue que no le respondí nada de nada. Sólo atiné a llorar y empezar a darme cuenta de cuánto ella había hecho (y hasta hoy hace) por mí. Sólo le dije que la amo y que era todo lo que podía darle y que si quería más me diga que era porqué yo no soy adivino y que ya te dije que a mí las indirectas no llegan a destino. Siguió llorando y me dijo que siempre yo era igual.
No sé cuánto tiempo ha pasado de aquella vez. Tampoco quiero pensarlo. No sé si ella estuvo con otro amándome como me dijo o si estuvo sola todo ese tiempo. Tampoco quiero averiguarlo. Pero cuando a veces la llamaba y le decía que si podemos vernos siempre me respondía que sí. Hasta seguimos saliendo juntos e íbamos juntos a las reuniones de los amigos en común. Era como si la farsa de nuestra relación sólo fuera vista por nosotros.
A veces ella me llamaba y me decía que quería verme y que sólo quería conversar. Y bueno, nos veíamos y conversábamos.
Y como decía al comienzo, sus palabras aún retumban en mi cabeza, sobre todo por estas fechas en que escribo esto porque creo (casi seguro) que fue por estos días en que todo pasó. La última vez que me llamó la noté más triste y cuando la vi lo comprobé. Había pasado más de un mes de la última vez que salimos y estaba algo distinta. Tenía un halo como de que ya estaba en paz con su alma, de que me había perdonado por todo lo que le hice de mal.
Y hablándole de cómo la veía pues se lo dije y ella respondió que sí, que últimamente había pensado tanto en lo nuestro que sabía que de todas maneras se iba a morir a mi lado. Que sabía que íbamos a regresar y que de seguro me daría la hija que tanto quería.
Pero yo seguía empecinado en creer lo que yo quería y eso le daba miedo a dar el paso que ya yo no le pedía porque todo el mundo se cansa alguna vez de pedir algo.
Esa noche en que le pregunté que porqué se veía tan distinta me di cuenta de que ella era mucho más de lo que yo algún día llegaré a ser. Que mis escritos de aspirante a seminarista no llegaban ni a los pies de lo que ella sabía hacer al hablar. Que mi carrera de escribano al peso era nada ante su capacidad para hacer de todo y bien. Y bueno, que todos mis vicios eran una escoria al lado de su impecable vida. Me sentí muy avergonzado. Yo le llevó más de dos años y cuando yo tenía la edad que ella tiene ahora pues no era ni la sombra de todo lo que ha conseguido. Sinceramente me puse a pensar en qué debe haber sido lo que ella me vio para enamorarse de alguien como yo.
Por primera vez en mi vida lo reconocí. Sabes qué, le dije, te admiro. Aparte de todo lo que siento por ti también te admiro y te tengo una sana envidia por todo lo que eres y que yo quizás nunca llegue a ser si me quitas la luz de tu vida. Me sentí fresco y nuevo, con más vida. Ella se sonrió y dijo que le alegraba mucho que dijera eso, no porque la adulara si no porque eso le demostraba que todo este tiempo separado de ella en verdad me había servido para reflexionar y darme cuenta de la ruta por dónde estaba llevando mi vida. La verdad que no sé que tan cierto sea eso pero a ella le gustó. Y con eso me bastó.
Esa noche, luego de cenar me dio un beso y me abrazó muy fuerte. Me había dado un beso en los labios y eso me sorprendió. Si es que en algunas de nuestras salidas pasaba eso era por mi iniciativa. Y ahora ella hacía eso. No sabía si era una señal o no. Nunca he sabido descifrar lo que las mujeres tratan de decirme cuando usan ese lenguaje de actitudes, miradas y demás, para los que yo soy tan ciego como sordo. La besé más y me dijo que le hiciera el amor.
Fuimos hasta un hostal e hicimos el amor. No voy a decir que fue como nunca antes porque no fue así. Lo hicimos como solíamos hacerlo. Como a ella le encantaba que lo hiciéramos: con toda la ternura posible del mundo. Y así fue.
Debo confesar que me quedaba dormido y ella me hablaba. Me decía que tenía que perdonarla por todos los desplantes que ella me había hecho y que lo hizo porque estaba llena de odio. Que me odiaba casi tanto como lo que me amaba y que cada vez que me hacía sentir mal ella se sentía peor y que lloraba por mí. Nunca antes en verdad pude entender la forma en que me amaba.
Esa noche lo descubrí.
Nos abrazamos y ella me hablaba y yo le decía que no tenía nada que perdonar y que la amaba tanto como la primera vez que se lo dije. Me miró a los ojos y me pidió que me casara con ella. Me arrodillé en la cama y se lo pedí. Ella lloró y yo estaba más feliz que cuando hacíamos el amor. Me abrazó y me dijo que cuando amaneciera debíamos ir a su casa a hablar con sus padres. Muchas veces antes me había dicho lo mismo y siempre le respondí que no estaba seguro de casarme con nadie y ella lloraba y todo acababa en pelearnos. Pero esa noche yo ya era otro hombre, un mejor hombre. Casi como el que ella siempre se mereció.
Me besó muy tiernamente y me dijo hasta mañana. Se recostó sobre mi pecho, jugueteó unos segundos con los vellos sobre los que descansaba su mejilla y se durmió.
Me dormí prontamente y sin darme cuenta de nada. Ni lo imaginaba.
Desperté asustado luego de unas horas y recién en ese momento descubrí qué era lo que había pasado esa noche.
Ella estaba a mi lado. Muerta. Aún temblaban sus piernas. Un pequeño orificio en su frente se prolongaba casi hasta su nuca donde había una hermosa flor de carne y ploma. Su mano izquierda tenía un revolver.
Recién en ese momento me di cuenta de todo. Me amaba tanto que no quería morirse sin mí. Que quería saber que me iba a casar con ella y que iría a pedir su mano a donde sus padres. Que cumpliría todos sus sueños de niña ilusionada. Lo descubrí y me di cuenta que se había ido. Que nunca más la volvería a tener en mis brazos. La besé. Empezaron a golpear la puerta de la habitación. No podía moverme. Destrozaron la puerta y vieron todo.
Ella era tan buena conmigo. Nunca olvidaré esa noche.

Mi tio Alonso

Mi tío Alonso siempre me decía que las cosas están cada vez peor, que ya no se puede salir a la calle porque a uno le puede explotar un carro en la cara y yo no entendía nada de eso. Yo he viajado muchas veces en carros y nunca he visto que puedan explotar, sino la gente no andaría en ellos. Pero el tío seguía con eso, que a cada paso pueden explotar, que los pips (y yo no tampoco sé qué es eso) no paran de pedir papeles a todo el mundo y que los rojos (nunca he visto a nadie rojo) andan por todos lados y que ya no es fácil saber quién es quién ni hablar con nadie que si no nos manchan. Pero mi papá se reía de él cuando decía eso.
Mi papá hace poco me dijo que nunca diga nada a nadie de cuál es su trabajo. A mi me gusta que él sea militar (aunque no debería decir que lo es), porque me gusta su uniforme. Me gusta como le queda. Aunque no me gusta mucho porque a veces se va de la casa por semanas y me dice que es por cosas de trabajo, pero que me va a extrañar mucho. Siempre me dice hijita sólo por ti vuelvo cada vez que me voy. Solo por ti.
Tío Alonso me dice que mi papá es malo y eso me molesta. Aunque una vez me contó porqué decía eso y me hizo llorar. No quise oír lo que decía. Pero él seguía y me decía que mamá también lo sabía. Que le pregunte a ella si mentía. Y le pregunté y mi mamá se amargó mucho con él y cuando papá volvió le contó y casi le pega a mi tío Alonso. Yo lo quiero porque es el hermano de mi mamá y vive con nosotros desde que nací. Pero ese día que me contó lo que mi papá hacía, lo odie. Deseé que esos carros que explotan, le exploten en la cara a él.
Cuando mi papá volvió me contó que eso no era así. Que el trabajaba para que yo y mis amigas podamos vivir en paz. Para que podamos jugar donde queramos sin que nadie no haga daño. Que no le haga caso a mi tío, porque es medio rojo. Solo porque es hermano de tu mamá está acá, si no ya lo hubiera botado. Si te sigue asustando dile que yo te dije eso, ok mi hijita.
Y así le dije a tío Alonso y se asustó creo. Porque me dijo que como había hecho eso de contarle. Y le dije que fue porque él habló mal de mi papi. Que él trabaja para que nosotros vivamos en paz y sólo se rió.
La otra noche se fue la luz, antes de eso algo sonó muy fuerte y yo me asusté mucho. Mi mamá me abrazo y me dijo que esos terrucos nunca iban a dejar de jodernos la vida. Nunca la había oído hablar así. Ni cuando se encierra en su cuarto con mi papá y se gritan.
Pero prendió un mechero y nos sentamos en la sala a esperar que llegue la luz. Al menos eso esperaba yo. Porque los grandes sólo miraban al teléfono. Lo miraban y parecía que sus miradas iban a hacer que suene pero no sonó. Yo me quedé dormida y a la mañana mi mamá me dijo que papá había llamado y que no nos preocupemos por él, que está bien. No entiendo porqué habría de estar mal si estaba en su trabajo. Mi mamá me abrazó y me dijo que todo se iba a acabar pronto. Tío Alonso me dijo que anoche los camaradas ya no iban a aguantar más represión. No entendí nada. Sólo sabía que estaba muy amargo. La radio decía que anoche habían derribado una torre en Lima y que por eso se había dio la luz. Mi mamá me dijo que esos eran los que papá combatía y que por eso su trabajo era importante para todos. Pero tío Alonso le dijo que no me mienta, que papá se dedicaba a matar a cualquiera que se le cruzaba en el camino. Que era una máquina de matar del gobierno. Que algún día tendría que pagar con su sangre toda la sangre que hacía derramar. Ese día mamá lo botó de la casa. Le dijo que no íbamos a mantener más a un vago (yo no sabía que yo también lo mantenía, yo sólo le daba un beso de buenas noches). Papá regresó al día siguiente, y como tío Alonso aún no se iba le dijo que se tenía que ir inmediatamente. Pero tío Alonso le contestó y se empezaron a gritar. Tío le decía asesino y yo quería que mi papi le pegue para que se calle. Y le pegó. Le dio un golpe en la nariz y empezó a sangrar. Tío Alonso se aventó encima de mi papá pero mi papá lo cargó y lo arrojó al piso.
Se fue al final, llorando y amenazándolo, que todos se iban a enterar de a qué se dedicaba, de cuál era su trabajo. Papá le dijo que no se atreviera o sino se olvidaría que era su cuñado y que de verdad lo iba a conocer. Yo creía que ya se conocían pero parecía que no. Ese día tío Alonso me dio un abrazo largísimo y me besó en la frente y me dijo que nos íbamos a volver a ver. Me regaló un librito que nunca entendí porqué me pidió que lo oculte y que cuando fuera más grande lo leyera.
Hasta hoy no lo he leído porque aún no soy grande. Pero creo que debería leerlo ya. Ayer mamá estaba llorando y papá le decía que ya sabíamos todos que así iba a acabar, pero yo no y menos qué cosa era lo que había acabado. Mi mamá me vio con sus ojos llenos de lágrimas y me abrazó y me dijo que tío Alonso había muerto, que le habían querido robar y se había defendido y lo mataron. Pero yo sabía que no era así, yo sabía que era por mi culpa. Porque yo había deseado que un carro de los que explotan le explotase en la cara.